(Por Jorge Kurrle -Director de C6Digital) Milei puede mostrar cuadros, curvas y datos hacia arriba. Puede insistir con que el consumo repunta y que el ajuste ya no pesa sobre la gente. Pero los números de Centrex Consultora marcan otra realidad: 8 de cada 10 hogares resignaron gastos en los últimos seis meses.
El dato no es menor. El 81% de los encuestados reconoció que tuvo que recortar consumos para sostenerse. Algunos dejaron salidas, ocio o compras no esenciales. Otros achicaron el changuito. Y en los casos más sensibles, el ajuste llegó a alimentos, salud y servicios.
La foto social también muestra otra alarma: el 86% afirma que su salario no le gana a la inflación. Es decir, la mejora macro que se busca mostrar desde el discurso oficial todavía no logra traducirse en alivio cotidiano para la mayoría.
Además, el 70% considera que el dato oficial de inflación no refleja lo que vive en la calle. Ahí está el choque de fondo: una cosa es el índice; otra, la góndola. Una cosa es el gráfico; otra, pagar la luz, llenar el tanque o llegar al día 30.
El Gobierno mira el tablero. La gente mira la billetera. Y cuando la mayoría recorta para llegar a fin de mes, el ajuste no necesita explicación técnica: se siente.
Sientan el viento: la economía no se mide solamente en una pantalla. También se mide en lo que una familia deja de comprar.





