(Redacción C6Digital) Argentina aparece ubicada en el puesto 17 del ranking de salarios mínimos de Latinoamérica 2026, con una referencia de apenas US$ 233, solo por encima de Cuba y Venezuela. El dato vuelve a poner en el centro de la escena una discusión sensible: el poder de compra de los trabajadores argentinos y la distancia entre los indicadores, los discursos políticos y la economía cotidiana.
La ubicación argentina resulta todavía más fuerte si se la compara con países vecinos. Uruguay figura segundo con US$ 648, Chile cuarto con US$ 597, Paraguay décimo con US$ 428, Bolivia undécimo con US$ 344, Perú duodécimo con US$ 335 y Brasil decimotercero con US$ 295. En esa foto regional, Argentina queda rezagada en una zona baja del ranking.
El dato se conoce en un contexto político particular. En las últimas horas, el presidente Javier Milei volvió a hablar ante empresarios y defendió su programa económico. Allí buscó marcar una señal de recuperación y volvió a poner el eje en el ordenamiento de la macroeconomía.
Sin embargo, una de sus frases abrió otro frente de debate. Milei señaló que él era “el que más había perdido” en la Argentina, porque —según sostuvo— es quien menos gana por su sueldo. La afirmación generó contraste inmediato con la situación salarial del país, especialmente frente a un ranking regional que muestra a la Argentina entre los últimos lugares del continente.
La tensión aparece en ese cruce. Por un lado, el Gobierno insiste en que la inflación baja, que la economía empieza a estabilizarse y que el esfuerzo comienza a mostrar resultados. Por el otro, buena parte de la sociedad mide la realidad desde una vara mucho más concreta: el changuito, el alquiler, los servicios, el combustible y la dificultad de llegar a fin de mes.
Así, la ubicación de Argentina en el puesto 17 no es solo un número dentro de una infografía. Es una postal incómoda del presente económico: un país que discute equilibrio fiscal, crecimiento y competitividad, pero donde el salario mínimo sigue muy por debajo de buena parte de la región.
En ese escenario, la frase presidencial suma una capa política al debate. Porque más allá de cuánto gana Milei como jefe de Estado, la pregunta que queda flotando es otra: cuánto puede sostener una familia argentina con un salario mínimo que, medido en dólares, aparece casi al final del mapa latinoamericano.





