El picoteo entre comidas es una conducta alimentaria frecuente que suele pasar desapercibida, ya que muchas personas consumen alimentos fuera de los horarios principales sin registrar la cantidad ni los motivos que las llevan a hacerlo. Este hábito puede estar asociado al aburrimiento, la ansiedad, el estrés o una mala organización de las comidas, y, cuando se mantiene en el tiempo, puede repercutir en el control del peso, los niveles de glucosa y la relación con la alimentación. Durante un nuevo bloque de Activa Evolución, los licenciados en Nutrición Florencia Silva y Braian Rolandi explicaron cómo reconocer este comportamiento, diferenciarlo de una colación y qué estrategias ayudan a prevenirlo.
Silva explicó que el picoteo consiste en consumir alimentos fuera de las comidas principales de manera automática y sin prestar atención a la cantidad ingerida. «El picoteo es eso que comemos fuera de las comidas principales, pero que muchas veces no tenemos registro. Es ir a la heladera, sacar algo o ir comiendo mientras cocinamos», señaló. En contraste, indicó que una colación forma parte de una planificación alimentaria y se realiza de manera consciente.
La nutricionista sostuvo que este comportamiento puede tener distintos desencadenantes y aclaró que no siempre responde al hambre. «Las causas son muchísimas, pero las pondría en tres principales: el aburrimiento, la restricción alimentaria y la ansiedad«, afirmó. Además, explicó que el aumento del estrés puede generar una mayor necesidad de consumir alimentos dulces o con alto contenido calórico como una forma de alivio inmediato.

Durante la entrevista, Silva remarcó que muchas personas interpretan el picoteo como una falta de voluntad, cuando en realidad puede estar relacionado con aspectos físicos y emocionales. «Hay que ver qué le está pasando al cuerpo y por qué está decidiendo comer esa cantidad. Pasa mucho por el tema emocional», expresó. También aclaró que el objetivo no es prohibir alimentos, sino aprender a tomar decisiones conscientes sobre qué, cuándo y por qué se come.
Otro de los aspectos abordados fue la importancia de mantener una planificación de las comidas. La especialista explicó que saltear el desayuno, la merienda o las colaciones puede provocar que la persona llegue con exceso de hambre al almuerzo o la cena, aumentando las probabilidades de consumir mayores cantidades de alimentos y de recurrir al picoteo durante el día.
La licenciada también diferenció el hambre fisiológica del hambre emocional, dos conceptos clave para comprender este comportamiento. «El hambre real aparece de forma gradual y se satisface cuando comemos. En cambio, el hambre emocional aparece de forma repentina y generalmente busca un alimento puntual, como chocolate o dulces», indicó. Según explicó, aprender a reconocer estas señales permite desarrollar una relación más consciente con la alimentación.

Entre las recomendaciones, Silva propuso evitar las restricciones extremas, incorporar snacks saludables, controlar las porciones y prestar atención al momento de comer.
La culpa no sirve para nada, solo genera una mala relación con la comida. Lo importante es preguntarse por qué llegué a comer ese alimento», sostuvo. También destacó la importancia de dormir bien y mantener hábitos regulares para disminuir los episodios de ansiedad.
Finalmente, la nutricionista señaló que cuando el picoteo se vuelve frecuente, difícil de controlar o comienza a afectar la salud física y emocional, es recomendable consultar con profesionales. «Si sienten que esto no lo pueden manejar, busquen un profesional. Muchas veces el abordaje es interdisciplinario entre nutricionistas y psicólogos, porque somos una persona completa y el tratamiento integral tiene mejores resultados», concluyó.




