En una nueva entrega de Luces Magazine, emitida por las plataformas de C6Digital, Romina Maluf recibió a una invitada muy especial: María Inés Arévalo, una de las primeras egresadas de su academia de danzas árabes, integrante de aquella camada inicial que marcó el comienzo de una historia compartida entre escenario, amistad y aprendizaje.
La entrevista tuvo el tono de un reencuentro. Romina la presentó con afecto, recordando que María Inés fue parte de los primeros años de formación, de los distintos espacios de la academia y de una generación que convirtió la danza en una verdadera comunidad. “Inés para las amigas”, respondió la invitada, dejando en claro que el vínculo construido sigue intacto pese al paso del tiempo y las distancias.
María Inés contó que su llegada a las danzas árabes fue impulsada por su madre, Marité, quien la animó a probar las clases. Al principio creyó que sería algo simple, pero al entrar al salón se encontró con una profesora “toda diosa, toda radiante” y con una disciplina mucho más desafiante de lo que imaginaba. Esa dificultad, lejos de alejarla, la atrajo.

Me gustan los desafíos”, recordó.
Romina Maluf fue guiando la charla hacia los recuerdos fundacionales: las primeras clases, los ensayos, los vestuarios, las galas y aquel trofeo de egresada del año 2005, que María Inés llevó al programa como símbolo de una etapa inolvidable. Junto a Rocío Díaz Gómez, formó parte de la primera camada de egresadas, en una historia que comenzó a fines de los años noventa y que se extendió durante más de quince años.
Consultada sobre qué significa la danza en su vida, María Inés no dudó: “La danza es libertad, la danza es vida”. Para ella, el movimiento es una expresión natural del ser humano. “Antes de caminar, bailamos”, reflexionó, al explicar que incluso los bebés responden instintivamente a la música. En ese sentido, aseguró que bailar le permite encontrarse con una parte profunda de sí misma, una zona donde fluye y se siente libre.
La entrevista también permitió recorrer otra dimensión de su historia: la convivencia entre la ciencia y el arte. María Inés es licenciada en Genética y durante años dividió su vida entre el laboratorio y el baile. Contó que, gracias a la terapia, pudo comprender que no debía elegir entre una cosa u otra.
Soy un poco ciencia y también soy un poco bailarina”, expresó.
Romina destacó esa dualidad y la invitó a contar cómo el arte también le abrió puertas profesionales. María Inés recordó que, al regresar de Tucumán, donde realizó su tesina, buscaba trabajar en el Instituto de Genética del Hospital. Fue justamente a través de una presentación artística con su grupo de salsa en unas jornadas de enfermedades poco frecuentes que logró vincularse con ese espacio laboral. “Fue el enganche desde el arte para ingresar como licenciada en genética”, relató.

La charla derivó luego hacia sus viajes. María Inés vivió en Tucumán, pasó por Miami, Madrid, trabajó en cruceros fluviales por el río Rhin y recorrió países como Suiza, Alemania, Países Bajos y Francia. En Europa encontró nuevos desafíos culturales. Contó que, a diferencia de la calidez más espontánea de los argentinos, en algunos países los vínculos son más lentos y requieren paciencia.
Una de las anécdotas más significativas surgió de su experiencia con compañeros húngaros en los barcos. Al notar que eran reservados y se movían en grupo, decidió aprender algunas palabras en húngaro para saludarlos. Ese pequeño gesto abrió una puerta. “Me miraron por lo menos”, dijo entre risas. Con el tiempo, logró integrarse y terminó siendo parte de ese “clan”. “Una vez que sos parte de ellos, sos familia”, resumió.
Romina Maluf remarcó entonces una característica de su invitada: la capacidad de llegar a personas muy distintas, de tender puentes y construir vínculos donde parecía difícil. María Inés coincidió y señaló que muchas de esas amistades siguen vivas hasta hoy, incluso a la distancia.
El programa también tuvo un bloque cargado de emoción y humor, dedicado a las anécdotas de la vieja academia. Aparecieron recuerdos de coreografías con jeans cortados, galas con elementos, candelabros en la cabeza, salidas a escena entre nervios y complicidad, y hasta una presentación en la que María Inés se quemó la planta del pie al bailar descalza sobre una laja caliente junto a una pileta. Aun así, siguió adelante, vendada y con la camiseta puesta.
Romina fue sumando preguntas enviadas por antiguas compañeras del grupo, como Carolina Rivas y Verónica, lo que convirtió la entrevista en una conversación coral. Entre risas, María Inés reconoció que era muy organizada con los vestuarios, mientras que otras compañeras eran más “colgadas”. Pero cuando la pregunta se volvió emotiva, la respuesta fue clara: lo que nunca cambió entre ellas fue la fraternidad.
“Nos sentimos como hermanas”, dijo María Inés. Y Romina completó la idea al recordar que el grupo aún se llama “Las de Siempre”. Para ambas, el paso del tiempo no debilitó el vínculo, sino que lo volvió más auténtico. “Cuando algo perdura es porque uno se elige”, reflexionó la invitada.
Otro momento destacado fue el bloque de curiosidades del mate. María Inés contó una experiencia inesperada en Estrasburgo, Francia, donde descubrió que existe un verdadero interés por la yerba mate. Durante su trabajo en el tradicional mercado navideño, encontró un mate preparado y quiso conocer a quien lo tomaba. Así conoció a Mateus, un francés que nunca había estado en Argentina, pero que amaba el mate.
La historia sorprendió a Romina, quien destacó el valor cultural de descubrir que el mate también tiene presencia en Francia. María Inés contó que en Estrasburgo existe incluso un “Club del Mate”, donde se consumen bebidas a base de yerba mate y hay espacios para quienes son consumidores frecuentes. Aunque aclaró que el ritual no es exactamente igual al argentino, celebró que nuestra infusión llegue a otros rincones del mundo.
Hacia el cierre, Romina Maluf le preguntó por sus próximos proyectos. María Inés contó que viajará a Barcelona, luego pasará por Estrasburgo y finalmente volverá a los Alpes suizos para trabajar durante la temporada de verano europea, que coincide con el invierno argentino. También dejó abierta la posibilidad de quedarse para una temporada de invierno, una experiencia que aún desea vivir, rodeada de nieve y centros de esquí.
Antes de despedirse, dejó un mensaje profundamente ligado a su historia: “Que se animen a bailar, porque bailar cura, sana, salva vidas”. También remarcó la importancia de la actividad física como uno de los pilares para una vida saludable, junto con la nutrición y el buen descanso.
Romina cerró la entrevista agradeciéndole por su presencia, por la buena energía y por seguir manteniendo vivo el lazo con el grupo. La visita de María Inés Arévalo a Luces Magazine fue mucho más que una entrevista: fue un viaje por la memoria, la danza, la amistad, los escenarios, los viajes y esa certeza compartida de que algunos vínculos, cuando nacen desde el amor y la pasión, permanecen para siempre.




