En una nueva emisión de Punto de Vista, Martín Souza encabezó una entrevista de fuerte contenido humano junto a la participación de Sabrina, en la que la funcionaria Paula Schapovaloff puso en palabras una experiencia atravesada por la prematuridad, el miedo, la fe y el acompañamiento. Lejos de una mirada fría o técnica, la charla permitió entender que detrás de cada nacimiento prematuro hay una historia familiar que se reconfigura por completo.
Schapovaloff explicó que se considera prematuro al bebé que nace antes de las 37 semanas de gestación y, en los casos más delicados, con muy bajo peso. Pero enseguida corrió la explicación médica hacia una dimensión mucho más sensible: la de las madres, los padres y los entornos que deben adaptarse a una realidad inesperada. En ese punto dejó una de las definiciones más fuertes de la entrevista: “cuando nace un niño prematuro, nace una familia prematura”. La frase resume el corazón de una conversación donde la experiencia personal se volvió testimonio y también herramienta para acompañar a otros.
La funcionaria remarcó además que, en muchos casos, la prematuridad puede prevenirse con controles adecuados durante el embarazo. Puso énfasis en la importancia de las ecografías, el seguimiento de la presión, la diabetes y el desarrollo general del bebé, subrayando que la detección temprana puede evitar situaciones complejas. Sin embargo, también aclaró que no todos los casos responden a una misma causa, y que muchas veces hay condiciones maternas que hacen inevitable que el nacimiento se adelante.

Uno de los momentos más conmovedores llegó cuando relató su propia historia con Juanín, nacido con apenas 27 semanas de gestación y 900 gramos. Desde ese lugar, Schapovaloff describió con crudeza la experiencia de conocer a un hijo “a través de una caja”, en referencia a la incubadora, y el impacto emocional que genera no poder alzarlo, tocarlo o vivir ese primer encuentro como lo imaginan la mayoría de las familias. Allí dejó otra frase potente:
A nosotras nos tocó conocerlo a través de una caja”. En esa escena aparecen la angustia, la culpa, la incertidumbre y también la fortaleza que muchas veces emerge en silencio dentro de una sala de neonatología.
La entrevista también abordó las exigencias físicas y emocionales de ese proceso. Paula contó que su hijo pasó tres meses en neonatología, con sonda, oxígeno y cuadros muy delicados, entre ellos tres paros cardiorrespiratorios y una anemia extrema. Pero lejos de quedarse solo en el dramatismo, la nota mostró cómo el sostén familiar, la fe y el trabajo médico fueron determinantes. En otra definición de alto impacto sostuvo: “Nos enojamos con el mundo”, al describir el dolor que sienten las madres cuando ven sufrir a sus hijos en neo. Y enseguida sumó otra imagen que conmueve: los médicos y enfermeros son “los primeros papás” de esos chicos mientras pelean por salir adelante.
Martín Souza fue llevando la entrevista hacia cuestiones concretas del cuidado neonatal, y allí Schapovaloff explicó, por ejemplo, por qué muchos bebés prematuros deben estar protegidos de la luz para evitar complicaciones como la retinopatía. Ese pasaje permitió bajar a tierra una realidad poco conocida para quienes nunca atravesaron una internación neonatal. La nota logró así un equilibrio entre información útil y sensibilidad, sin perder nunca el tono cálido.

La participación de Sabrina aportó justamente una mirada cercana y emocional. Al ver a Juanín ya adolescente en el estudio, expresó su impresión por el recorrido vivido y definió a madre e hijo como “dos guerreros”. Su intervención no fue menor: ayudó a mostrar el contraste entre aquel bebé tan frágil y el presente de un adolescente que hoy lleva una vida activa, va a la escuela, hizo rugby y comenzó natación. Ese contraste terminó reforzando uno de los mensajes centrales de la entrevista: el seguimiento a tiempo cambia vidas.
En ese tramo, Schapovaloff insistió en que la prematuridad no debe pensarse como una enfermedad sino como una condición que requiere atención continua. Otra frase clave fue: “Él nació prematuro, es una condición, no es un diagnóstico”. Desde allí defendió la necesidad de un acompañamiento prolongado, no solo médico, sino también psicológico, psicopedagógico y familiar.
En la entrevista contó que desde la Fundación Pequeños Gigantes trabajan con seguimiento gratuito hasta la adolescencia, entendiendo que los efectos de la prematuridad pueden aparecer más adelante, incluso en aspectos como la ansiedad, la sociabilización o la alimentación.
La charla también abrió una puerta importante sobre la salud mental de las familias. Paula señaló que muchas veces se habla únicamente de la mamá, pero que también hay padres, abuelos o tutores que atraviesan en soledad situaciones extremas. En ese sentido, la entrevista puso en valor el acompañamiento integral como una necesidad y no como un complemento. Allí apareció otro de los conceptos más sólidos del testimonio: “Porque se atendieron a tiempo”, al explicar por qué hoy muchos chicos pueden desarrollarse con normalidad pese a haber nacido en condiciones tan adversas.

Sobre el final, la conversación avanzó hacia un tema muy actual: el bullying. Paula reveló que su hijo también atravesó situaciones de hostigamiento y remarcó la importancia de la confianza para que los adolescentes hablen. Fue un cierre que amplió aún más el enfoque de la nota, porque mostró que el desafío no termina con el alta médica: sigue en la escuela, en el club, en los vínculos y en la construcción cotidiana de autoestima y contención. Sabrina, en ese intercambio, volvió a resaltar el valor de la comunicación dentro de la familia, un punto que terminó funcionando como síntesis afectiva del reportaje.
La entrevista dejó una enseñanza clara: hablar de primera infancia también es hablar de acompañamiento, escucha y humanidad. En Punto de Vista, Martín Souza y Sabrina lograron que la historia personal de Paula Schapovaloff trascendiera lo íntimo para convertirse en un mensaje público de conciencia, empatía y esperanza. Porque cuando una historia así se cuenta bien, no solo informa: también abraza.




