En una charla amena y muy clara, la licenciada en Fonoaudiología Luz Camila Lezcano pasó por el programa para hablar de un tema cotidiano, pero muchas veces subestimado: cómo el frío, la calefacción, los cambios bruscos de temperatura y ciertos hábitos diarios pueden afectar la voz, la garganta y también los oídos.
La entrevista comenzó con una pregunta directa del co-conductor Martín Souza del ciclo Punto de Vista : “¿Por qué se nos pone la voz pesada y también se nos tapan los oídos cuando salimos de un lugar calefaccionado al frío?”. La profesional explicó que la voz puede volverse ronca porque la calefacción reseca las vías respiratorias y las cuerdas vocales. “Es muy importante hidratarnos bien siempre”, remarcó, al señalar que los cambios bruscos de temperatura generan dificultades en la voz.

Sobre los oídos tapados, Lezcano detalló que muchas veces la causa está relacionada con la congestión nasal. La mucosidad puede afectar el oído medio a través de la trompa de Eustaquio, provocando esa sensación de oído cerrado durante uno o varios días, especialmente cuando hay resfrío o gripe.
En otro tramo, surgió una consulta muy común: “Me pasa mucho a la noche que me levanto con la voz ronca. ¿Eso también es por falta de hidratación?”. La licenciada explicó que dormir con calefacción puede favorecer la resequedad, más aún porque durante el sueño no se traga saliva con la misma frecuencia que durante el día. Por eso recomendó, en esos casos, utilizar un humidificador para proteger las vías respiratorias.

También se habló de las señales de alerta. “¿Cómo sabemos que estamos dañando la voz o que nos estamos por quedar disfónicos o afónicos?”, fue otra de las preguntas. Allí marcó la diferencia: la disfonía es cuando la voz cambia, sale ronca o distinta a la habitual; la afonía, en cambio, es la pérdida total o casi total de la voz. Ante cualquiera de estos síntomas, recomendó cuidar la voz y evitar los extremos de temperatura.
La charla también abordó hábitos muy misioneros, como el mate, el café y el tereré. Lezcano advirtió que tanto las bebidas muy calientes como las extremadamente frías pueden irritar la garganta y afectar la voz. Por eso dejó un consejo práctico: cuando se toma mate o café, conviene intercalar con agua para mantener una buena hidratación.

Otra pregunta de los oyentes apuntó al uso de bufandas: “¿Sirve realmente usar bufanda o cuello alto para entibiar el aire que respiramos o es un mito?”. La respuesta fue clara: sí sirve. La profesional explicó que ayuda a mantener más templada la zona del cuello, donde se encuentra la laringe, y eso favorece el cuidado de la voz.
También hubo espacio para hablar del cuidado de los oídos. Ante la consulta sobre el uso de hisopos, Lezcano fue contundente: no los recomienda. Explicó que pueden empujar la cera hacia adentro, dejar filamentos de algodón o incluso provocar lesiones. Lo ideal, dijo, es limpiar solo hasta donde llega el dedo con la toalla y, si hay molestias, consultar a un otorrino.

En cuanto a los controles auditivos, recordó la importancia de realizar una audiometría al menos una vez al año. Explicó que este estudio permite medir los umbrales auditivos, es decir, lo mínimo que una persona puede escuchar. En niños, los controles suelen estar más incorporados por la etapa escolar, pero en adultos muchas veces se abandonan, aunque siguen siendo necesarios.
Hacia el cierre, la conversación derivó en los ruidos fuertes, los recitales y el uso de tapones auditivos. Lezcano contó que ella misma los utiliza para proteger sus oídos en eventos musicales.

Si ante una exposición a un ruido fuerte se nos lesiona el oído, no lo recuperamos fácilmente o directamente no lo recuperamos”, advirtió.
La entrevista dejó una conclusión sencilla pero importante: cuidar la voz y los oídos no requiere medidas complicadas, sino hábitos cotidianos. Hidratarse, evitar extremos de temperatura, usar bufanda, no abusar de la calefacción, ventilar los ambientes, usar barbijo ante síntomas y consultar a tiempo pueden marcar la diferencia durante los días fríos.

El programa es conducido por Sabrina Spinelli, con la colaboración en la conducción de Martín Souza.




