Las consultoras privadas estiman que la inflación de abril se ubicaría entre el 2,5% y el 2,8%, por debajo del 3,4% registrado en marzo. De confirmarse, marcaría la primera desaceleración en alrededor de diez meses, en un contexto en el que los precios venían mostrando una dinámica sostenida al alza.
El dato, aunque más cercano al 3%, es interpretado como una señal de moderación en la velocidad de los aumentos. Sin embargo, los analistas coinciden en que no implica una caída pronunciada del nivel general de precios, sino un cambio en el ritmo de suba.
Entre los factores que explican esta desaceleración, las consultoras señalan una menor presión en el rubro alimentos. En particular, se registraron subas más acotadas e incluso bajas en frutas y verduras, que habían tenido fuertes incrementos en meses anteriores.
A esto se suma la estabilidad en los combustibles, producto de un congelamiento temporal de precios, que contribuyó a contener el índice general y reducir el impacto en otros costos de la economía.
Otro elemento mencionado es la menor incidencia de factores estacionales. A diferencia de marzo, el inicio del ciclo lectivo no tuvo impacto en abril, lo que generó una dinámica más estable en varios rubros.
Pese a estas señales, el escenario genera debate: mientras algunos analistas sostienen que podría tratarse de un punto de inflexión, otros advierten que la desaceleración responde a factores transitorios y que la inflación continúa en niveles elevados, lo que pone en duda la sostenibilidad de esta tendencia en los próximos meses.




