(Redacción C6Digital / Jorge Kurrle) En un nuevo envío de Punto de Vista, conducido por Sabrina Spinelli en las plataformas de C6Digital y la colaboración de Martín Souza, la psicopedagoga Yamila Guirula y la nutricionista Carina Soledad González compartieron una charla necesaria, clara y profundamente humana sobre el Trastorno del Espectro Autista, los desafíos cotidianos, la importancia del diagnóstico temprano y el rol clave de la familia, la escuela y la sociedad.

La conversación comenzó con una definición esencial para derribar prejuicios. Yamila explicó que el TEA es un trastorno del neurodesarrollo que puede presentar desafíos en la socialización, en la forma de percibir el entorno, de vincularse y de comprender el mundo que rodea a cada persona. Pero rápidamente marcó una aclaración fundamental:
“el autismo no es una enfermedad, es una condición que acompaña toda la vida”.

Ante la consulta de Sabrina sobre la detección en la primera infancia, la profesional señaló que los primeros indicadores pueden aparecer entre los dos y tres años: no responder al nombre, dificultades en el lenguaje, ausencia de juego simbólico, no señalar para pedir algo o presentar desafíos emocionales y vinculares. Sin embargo, remarcó que no existe una única forma de autismo:
“hay tantos autismos como personas con autismo”, porque cada diagnóstico tiene características propias.

Carina González aportó su experiencia como mamá de María Paz, diagnosticada a los dos años y medio. Recordó que la primera señal fue que su hija no hablaba y no respondía cuando la llamaban por su nombre. “Yo pensaba que podía ser sorda”, contó, hasta que el pediatra derivó la consulta y comenzó un camino de terapias, acompañamiento y aprendizaje familiar.
Uno de los momentos más fuertes de la charla llegó cuando se abordó el miedo de muchas familias a que el diagnóstico funcione como una etiqueta. Carina fue contundente: “No es una etiqueta. Es una condición, pero nada la va a limitar”. Contó que su hija hoy tiene 13 años, va a una escuela común, hace natación y desarrolla una vida integrada, con los apoyos necesarios y con una familia que decidió naturalizar la condición en lugar de esconderla.

Yamila reforzó esa idea desde lo profesional: antes que pensar en una etiqueta, hay que pensar en información. Un diagnóstico certero permite saber qué herramientas necesita ese niño, niña, adolescente o adulto para mejorar su calidad de vida. En ese punto, dejó una de las definiciones más importantes de la entrevista:
“una de las más grandes dificultades no es tanto el diagnóstico, sino la sociedad, la inclusión y la aceptación de las personas autistas”.

La alimentación también ocupó un tramo central. Carina explicó que muchos niños con TEA presentan selectividad alimentaria y prefieren comidas más “blancas” o neutras, como arroz, fideos o pollo. Aclaró que no se trata de forzar, sino de trabajar de a poco, con acompañamiento profesional, incorporando alimentos uno por uno y respetando los tiempos de cada niño.
También advirtió que no todos necesitan dietas sin gluten, sin lactosa o keto: “eso es individual de cada paciente; no hay que decir que todos los niños con autismo tienen que comer igual”.

Sabrina también preguntó por los pictogramas, una herramienta muy utilizada para anticipar situaciones, ordenar rutinas y reducir ansiedades. Yamila explicó que muchas personas autistas procesan mejor la información visual que la verbal, por lo que estos recursos ayudan a organizar el día, anticipar cambios y evitar crisis. Carina contó que, gracias a los pictogramas, su hija pudo prepararse para etapas importantes de la adolescencia, como su primera menstruación.
La charla cerró con una mirada social. Yamila sostuvo que las escuelas avanzaron en información y apertura, pero que la inclusión sigue siendo un desafío colectivo. “No necesariamente ellos son los que se tienen que adaptar a lo que nosotros estamos acostumbrados; también nosotros tenemos que adaptarnos a lo que ellos necesitan”, resumió.
Más información en
www.noticiasdel6.com




