En una nueva entrevista de Jorge Kurrle para Cadena de Noticias, a través de las plataformas de C6Digital, la distancia entre Posadas y Madrid se volvió apenas un detalle. Del otro lado de la pantalla apareció Jésica Noel Díaz, con el mate a mano, la memoria intacta de su tierra y una historia atravesada por pérdidas, desafíos, estudio, reconstrucción y propósito.

La charla tuvo el tono de los encuentros que no necesitan apuro: cercana, humana y con espacio para volver sobre las huellas que deja la vida cuando aprieta. Kurrle la presentó no solo como una misionera que hoy vive en España, sino también como una mujer que fue encontrando una nueva versión de sí misma en medio de experiencias límite. Y Jesica, sin esquivar nada, contó su presente con una mezcla de serenidad, sensibilidad y convicción.
“Yo primero soy misionera, segundo soy posadeña y tercera soy argentina”, dijo apenas comenzó la conversación, como una forma de dejar en claro que, aun lejos, hay identidades que no se negocian. En Madrid, explicó, construyó una nueva etapa: estudió psicología positiva, terapia emocional y mindfulness, se graduó como terapeuta, empezó a dictar cursos y proyecta junto a su esposo una clínica que hoy funciona de manera online.
“Yo primero soy misionera, segundo soy posadeña y tercera soy argentina.”

A lo largo de la entrevista, Kurrle fue hilvanando preguntas que permitieron mostrar no solo el recorrido profesional de Jesica, sino también el costado más íntimo de esa transformación. Ella misma explicó que su método, al que llamó “metamorfosis”, nace de su propia experiencia: de haber tenido que reconstruirse física y emocionalmente lejos de su país, después de momentos muy duros de salud y de vida. “Muchas veces nos boicoteamos o nos saboteamos porque no tenemos una buena gestión de las emociones”, resumió, al explicar la base de su trabajo terapéutico.
“Muchas veces nos boicoteamos o nos saboteamos porque no tenemos una buena gestión de las emociones.”

La conversación se volvió todavía más profunda cuando apareció uno de los capítulos más conmovedores de su historia personal: la pérdida de su hija Valentina, que vivió 40 días. Con una entereza que conmueve, Jesica puso en palabras un dolor imposible de simplificar. “El día que mi hija falleció, la mitad de mí, o más de la mitad de mí, se fue con ella”, expresó. Y más adelante agregó otra definición que atravesó toda la nota: “Es como un duelo eterno”. No hubo dramatismo forzado; hubo verdad. Y en esa verdad, la entrevista encontró su momento más potente.
“El día que mi hija falleció, la mitad de mí se fue con ella.”

Kurrle supo correrse del lugar meramente informativo para acompañar el relato con sensibilidad, dejando que la entrevistada desplegara no solo lo que hace, sino también desde dónde lo hace. En ese punto, Jésica contó que la formación en psicología positiva y el acompañamiento terapéutico fueron herramientas decisivas para sostenerse en medio del dolor. No habló desde un pedestal, sino desde la experiencia. Desde la herida y, también, desde la reconstrucción.
“Es como un duelo eterno.”

La entrevistada sostuvo además una idea que terminó funcionando como una síntesis de su mensaje vital: “El mayor lujo de la vida es el tiempo”. Y a partir de ahí dejó una reflexión que excede su historia personal y se vuelve universal: animarse a cambiar, a salir de lugares donde uno ya no quiere estar, a no resignarse a una vida vaciada de sentido. “Hay que patear el tablero”, dijo, convencida de que muchas veces el verdadero riesgo no está en cambiar, sino en quedarse.
“El mayor lujo de la vida es el tiempo.”

En otro tramo valioso de la entrevista, Jésica también dejó ver que su historia en Madrid no fue la de un éxito inmediato ni lineal. Hubo miedos, incertidumbre y decisiones drásticas, como vender todo y comenzar de nuevo en otro país. Allí apareció otra dimensión de su testimonio: la de la migrante que se anima a empezar desde cero, con la intemperie propia de quien deja atrás lo conocido para ir en busca de un futuro distinto. Esa experiencia personal también le da espesor a su mirada terapéutica, porque no habla solo desde los libros, sino desde lo vivido.
“Hay que patear el tablero.”
También resultó interesante cómo la entrevistada enlazó su tarea profesional con un mensaje de utilidad cotidiana. Lejos de una mirada abstracta, habló de herramientas concretas para gestionar emociones, detectar momentos de ira, frenar respuestas impulsivas y aprender a vivir con un poco más de conciencia. En tiempos donde la ansiedad, la tristeza y el agotamiento emocional aparecen cada vez con más frecuencia, su planteo encontró eco precisamente por eso: porque no se quedó en la teoría, sino que bajó a tierra una forma posible de atravesar la vida con más recursos y menos autoexigencia.

Desde Madrid, Jésica Noel habló de su libro, de su trabajo, de sus búsquedas y de sus cicatrices. Pero sobre todo dejó testimonio de algo más profundo: que incluso después del dolor más hondo, es posible volver a encontrar una dirección. Y Jorge Kurrle, con una entrevista cálida, sin estridencias y bien llevada, logró que esa historia llegara con humanidad y cercanía a la audiencia de CN y C6Digital.




