(Redacción C6Digital) En tiempos donde la heladera pesa más que cualquier discurso, el diputado nacional libertario Diego Hartfield ensayó una explicación tan singular como polémica para describir el malhumor social: comparó el presente económico con el éxodo del pueblo de Israel y recordó que, en medio de la travesía, también le pedían a Moisés volver a Egipto.
La definición no pasó desapercibida. Sobre todo porque llega en un contexto donde cada vez más argentinos sienten en carne propia el impacto del ajuste, la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y una incertidumbre que ya no entra en ninguna metáfora. Hartfield, al menos, reconoció algo que dentro del oficialismo no siempre aparece con tanta claridad: que hay una parte de la sociedad que la está pasando mal.
Cada vez más argentinos sienten en carne propia el impacto del ajuste, la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo
“Tengo muy claro que una parte de la sociedad hoy la está pasando difícil”, sostuvo el legislador, al tiempo que intentó justificar ese cuadro como parte de una supuesta reconstrucción económica. Según su mirada, durante años la Argentina vivió del “revoleo de guita”, con negocios armados alrededor de “sacarse el dinero de encima”, en lugar de producir más, generar bienes y servicios y abrirse al mundo.
“Tengo muy claro que una parte de la sociedad hoy la está pasando difícil”
La frase deja una lectura inevitable: mientras el Gobierno pide paciencia, sacrificio y fe en un futuro mejor, la realidad aprieta ahora. Y cuando el bolsillo duele, las analogías bíblicas pueden sonar menos a reflexión profunda y más a un intento de espiritualizar el ajuste.
Mientras el Gobierno pide paciencia, sacrificio y fe en un futuro mejor, la realidad aprieta ahora.
El problema no es solamente la comparación. El problema es que, mientras se les pide a los ciudadanos atravesar su propio desierto, muchos no ven todavía la tierra prometida, pero sí la suba de precios, la caída de ventas, el freno de la actividad y el desgaste social. En ese escenario, citar a Moisés puede servir para un sermón, pero difícilmente alcance para pagar las cuentas.
Citar a Moisés puede servir para un sermón, pero difícilmente alcance para pagar las cuentas.
Hartfield puso en palabras algo que el oficialismo suele esquivar: la gente está pasando difícil. Lo que queda por ver es si esa admisión será el inicio de una comprensión más realista del daño social o apenas otra manera elegante de pedir resignación. Porque una cosa es conducir al pueblo y otra muy distinta es pedirle que aguante eternamente mientras el milagro no llega.





