La desaparición de 23 perros en Guaraní, tras la muerte de la mujer que los tenía bajo su cuidado, volvió a poner sobre la mesa una discusión que Misiones todavía no termina de asumir: la necesidad de avanzar en una legislación más firme contra el maltrato animal.
En diálogo con Jorge Kurrle en Cadena de Noticias, la abogada Micaela Pereira, integrante de OHANA y una de las pocas profesionales dedicadas al derecho animal en la provincia, habló con firmeza, sensibilidad y preocupación por un caso que sigue generando reclamos en la comunidad.

“Hay una cierta satisfacción de poder ayudar a quienes no tienen voz”, expresó al explicar por qué eligió dedicar su trabajo a estas causas, aun cuando muchas veces le dicen que “los animales no pagan” o que existen temas “más importantes”.
El periodista abrió la charla con una pregunta central: cuánto se avanzó en Misiones en materia de legislación para proteger a los animales, sobre todo en comparación con otras provincias o países vecinos.
Pereira fue clara. Explicó que actualmente se trabaja principalmente con la ley nacional de maltrato animal, pero remarcó que el sistema legal argentino todavía arrastra una mirada antigua.
“Todavía sigue estando una visión de los animales como cosas”, señaló, al recordar que el Código Civil mantiene a los animales dentro del régimen de bienes, junto a objetos como un auto o una casa.

La abogada también marcó que Misiones cuenta con normativas vinculadas a la fauna silvestre y a especies protegidas, como el yaguareté, pero advirtió que todavía falta una regulación específica y moderna sobre maltrato animal y tenencia ilegal de fauna.
“Somos una provincia con una biodiversidad muy amplia. Hay que empezar a legislar para la protección de todos los seres que viven y habitan Misiones”, sostuvo.
Kurrle le preguntó entonces si la provincia podría avanzar en una ley más acorde a los tiempos actuales, tomando como referencia lo que ocurre en países vecinos. Pereira mencionó el caso de Paraguay, donde existe un registro de maltratadores de animales.
“Una persona que tiene una causa o denuncia por maltrato animal queda registrada y no puede adoptar ni tener contacto con animales”, explicó.

También dejó una de las frases más fuertes de la entrevista al vincular el maltrato animal con conductas violentas posteriores.
“Las personas que desde corta edad muestran signos de maltrato animal pueden ser posibles psicópatas o asesinos. Si no pueden demostrar empatía por otro ser viviente en la niñez, ¿cómo van a demostrar empatía en su vida en comunidad?”, planteó.
La conversación también abordó las presiones que enfrentan quienes denuncian este tipo de casos. Ante la pregunta del periodista sobre si “tocan muchos intereses” cada vez que intervienen, Pereira respondió que sí.
Contó que integrantes de OHANA, desde sus fundadores hasta veterinarios y miembros del equipo legal, han recibido amenazas y ataques. Incluso, dijo, hubo agresiones dirigidas a familiares.
“Todo el equipo ha sido amenazado y amedrentado de diversas formas. A veces la gente se ensaña tanto que toca situaciones familiares que no tienen nada que ver”, relató.

En ese punto, también dejó una advertencia sobre las agresiones en redes sociales.
“Las agresiones en redes sociales también son un delito. No es una amenaza, es una sugerencia: si alguien dice algo, tiene que poder demostrarlo”, remarcó.
El caso que motivó la entrevista fue el de los 23 perros desaparecidos en Guaraní. En las últimas horas circuló una versión policial que indicaba que algunos de esos animales habían sido encontrados. Sin embargo, Pereira fue contundente.
“Esa información es absolutamente falsa”, afirmó.
Según explicó, las organizaciones querellantes no fueron informadas formalmente dentro del expediente y se enteraron por los medios de una supuesta aparición de perros que, según sostienen, no son los animales buscados.
“Estos no son los animales que estamos buscando, de carácter absoluto”, expresó.
La abogada señaló que ya presentaron pruebas documentales y fotografías en la Justicia para demostrarlo. Además, solicitaron informes veterinarios porque los perros originales tenían enfermedades visibles y comprobables, mientras que los animales mostrados recientemente tendrían otro estado de salud y otras características.
“Los perros originales tenían enfermedades fácilmente demostrables con un estudio veterinario específico. Estos perros que se muestran gozan de un estado de salud muy diferente”, afirmó.
Kurrle le preguntó si, en concreto, lo que sospechan es que se habrían generado recibos o constancias para simular adopciones y así desligar responsabilidades.
Pereira respondió sin rodeos.
“Exactamente. Si alguien se presta a decir que adoptó parte de esos 23 perros y no es verdad, hay una cuestión de falsedad en el testimonio. Eso se hace ante un funcionario público y es un delito”, advirtió.
También cuestionó que se intente resolver el caso en los medios antes que en el expediente judicial.
“Querer limpiar una imagen lo tienen que hacer dentro de la Justicia, no en los medios de comunicación”, sostuvo.
Y agregó otra frase de fuerte peso institucional:
“Falsear una noticia de este estilo, cuando la gente está preocupada y quiere saber dónde están los 23 perros, es de una gravedad institucional importante.”
Sobre el final, el periodista le planteó una pregunta que muchas veces aparece frente a estas causas: si la gente no le dice que hay cosas más importantes que los perros.

Pereira reconoció que sí, que ese argumento aparece todo el tiempo. Pero respondió con una definición que sintetiza su compromiso.
“Cada uno tiene el rol que decide ocupar en la vida. Yo me dedico a trabajar con animales. Si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo va a hacer?”
Y cerró con otra reflexión que interpela directamente a la sociedad misionera.
“Si los misioneros no lo hacemos, terminamos esperando que venga un medio de la Nación a cubrir un delito que hace 40 años se está haciendo.”
La causa de los perros desaparecidos en Guaraní sigue abierta. Pero más allá del expediente, la entrevista dejó expuesto un reclamo más profundo: Misiones necesita discutir seriamente cómo protege a sus animales, cómo sanciona el maltrato y qué lugar le da a una problemática que cada vez genera mayor sensibilidad social.
Porque detrás de cada denuncia no solo hay perros, gatos, caballos o animales silvestres. También hay una pregunta ética que Pereira dejó flotando en el aire: qué tipo de sociedad somos cuando miramos para otro lado frente al sufrimiento de quienes no pueden defenderse solos.




