La Fundación Acompañar abrió un nuevo espacio de reflexión y aprendizaje colectivo con una charla destinada a familias, adolescentes y profesionales, centrada en la salud sexual adolescente. El encuentro fue coordinado por Valeria Bertolo, Licenciada en Educación, Técnica Superior en Psicología Social, Acompañante Terapéutico y Arte Terapeuta, y contó con la participación de la doctora Cecilia Rosés, médica ginecóloga infanto-juvenil.

Desde el inicio, Valeria planteó el sentido del encuentro: generar un ámbito de información, escucha y acompañamiento para abordar una temática que todavía suele estar atravesada por mitos, silencios y temores familiares. La propuesta no se limitó a hablar de salud sexual desde lo biológico, sino también desde los vínculos, las emociones, la prevención, el autocuidado, los derechos, la comunicación y la construcción de identidad.
“Sabemos que hablar de salud sexual no implica únicamente hablar desde lo biológico, sino también desde los vínculos, las emociones, la prevención, el autocuidado, los derechos y la comunicación”, introdujo Bertolo, al remarcar la importancia de acompañar a los jóvenes desde una mirada integral, humana y preventiva.
En ese marco, la doctora Rosés agradeció la invitación y valoró estos espacios de intercambio. “Para mí es un placer participar de estos espacios donde podemos brindar información, desmitificar algunas cosas y empoderar a niños, niñas y adolescentes para que puedan decidir con información correcta”, expresó.
Uno de los primeros temas abordados fue la consulta ginecológica en la pubertad. Rosés explicó que muchas familias llegan con miedo porque asocian la visita al ginecólogo con revisaciones invasivas o estudios propios de la adultez. Sin embargo, aclaró que en niñas y adolescentes la consulta suele ser, ante todo, un espacio de charla, orientación y acompañamiento.
“La consulta en pubertad no es una consulta ginecológica común. Es un espacio para charlar, para entender qué va pasando con el cuerpo, cómo son los tiempos y qué cambios pueden aparecer”, señaló la especialista. También remarcó que no siempre se realiza examen físico y que, salvo situaciones puntuales, el objetivo principal es brindar información y tranquilidad.

(En la imagen inferior, la doctora Cecilia Rosés, médica ginecóloga infanto-juvenil)
A partir de las preguntas del público, Valeria fue conduciendo el diálogo hacia las inquietudes más frecuentes de las familias: los cambios corporales, la primera menstruación, los altibajos emocionales, la autoestima adolescente y las dificultades para hablar de sexualidad en casa. Desde su intervención, planteó la necesidad de “sacar tabúes, miedos y estigmas” para que las familias puedan acompañar mejor.
Rosés explicó que la pubertad es un proceso en el que el cuerpo deja atrás la etapa infantil y comienza a adquirir funciones reproductivas. Pero advirtió que ese desarrollo corporal no siempre va al mismo ritmo que el desarrollo emocional o cerebral. “El lóbulo frontal, que tiene que ver con la toma de decisiones y el control de impulsos, termina de desarrollarse alrededor de los 24 años”, indicó.
En ese sentido, la conversación también puso foco en los cambios de humor, la necesidad de intimidad, la búsqueda de autonomía y los conflictos cotidianos con madres, padres o adultos responsables. Rosés sostuvo que muchas conductas que preocupan a las familias —como el pedido de privacidad, los auriculares, los portazos o el “revoleo de ojos”— forman parte de un proceso esperable.
“Si tenés un adolescente que quiere intimidad, que te pide que golpees la puerta o que está en su mundo, probablemente tenés un adolescente normal”, resumió la médica. Y agregó que lo más importante es acompañar, escuchar y poner límites con explicación, no desde el autoritarismo ni desde el miedo.
Valeria reforzó esa mirada desde el acompañamiento familiar y profesional. Señaló que poner límites también es una forma de cuidado y que decir “no” puede ayudar a la constitución subjetiva de niños y adolescentes. En esa línea, remarcó que las familias necesitan abrir espacios de conversación, no solo cuando aparece un problema, sino en la vida cotidiana.

Valeria Bertolo, Licenciada en Educación, Técnica Superior en Psicología Social, Acompañante Terapéutico y Arte Terapeuta,
La menstruación fue otro de los temas centrales. Rosés explicó que la primera menstruación, llamada menarca, no marca el inicio de la pubertad sino el cierre de gran parte de ese proceso. También aclaró que durante los primeros uno o dos años es común que los ciclos sean irregulares.
“No es que vino la menstruación y automáticamente todo va a ser perfecto. El cuerpo necesita tiempo para equilibrarse”, explicó. Por eso recomendó que las adolescentes registren sus ciclos, no como una responsabilidad exclusiva de la madre, sino como parte del conocimiento del propio cuerpo.
La charla también abordó los silencios generacionales. Valeria compartió inquietudes recibidas de familias que nunca hablaron de menstruación o sexualidad con sus hijas y que recién comienzan a advertir “las primeras alarmas” alrededor de los 8 o 9 años. Frente a esto, Rosés fue clara: hablar con naturalidad, usar nombres correctos y no convertir el cuerpo en un motivo de vergüenza.
“La vulva se llama vulva. No es una mala palabra, es una parte del cuerpo”, remarcó la especialista, al insistir en la importancia de nombrar correctamente el cuerpo y enseñar desde edades tempranas el respeto, la intimidad y el consentimiento.
Otro punto fuerte del encuentro fue la educación sexual integral. Rosés sostuvo que brindar información no adelanta etapas, sino que ayuda a prevenir. “Los adultos muchas veces piensan que brindar información hace que los chicos sean más precoces, y es todo lo contrario. Los niños y adolescentes que reciben información son los que más se cuidan y los que pueden decidir de manera más consciente”, afirmó.
La conversación avanzó luego hacia la prevención de infecciones de transmisión sexual, los métodos anticonceptivos y la necesidad de una consejería adecuada. La médica explicó que el preservativo sigue siendo el único método que previene infecciones y que la elección de anticonceptivos debe ser individual, informada y acompañada por profesionales.
“Una buena consejería no es decirle a una adolescente qué método tiene que usar. Es explicarle todas las opciones, evaluar antecedentes clínicos y que pueda elegir con información”, sostuvo Rosés.
También se abordaron el implante subdérmico, el DIU, el sistema intrauterino hormonal y las dudas frecuentes sobre sangrados, ausencia de menstruación o efectos esperables. La especialista insistió en que muchas situaciones generan angustia porque nunca fueron explicadas previamente.
Hacia el final, Valeria introdujo la importancia de los controles preventivos, como el Papanicolaou, la colposcopía, la vacunación contra el HPV y el aprendizaje del propio cuerpo. Rosés explicó que estos estudios permiten detectar lesiones a tiempo y remarcó que la prevención debe formar parte del cuidado integral de la salud.
El encuentro cerró con una fuerte participación del público, mensajes de agradecimiento y la posibilidad de una segunda parte. Desde la Fundación Acompañar destacaron el valor de estos espacios para construir comunidad, acercar información confiable y acompañar a las familias en temas que muchas veces todavía se viven con miedo o vergüenza.
La charla dejó una idea central: la salud sexual adolescente no se aborda desde el silencio, sino desde la información, el respeto y la presencia adulta. En ese cruce entre la mirada psicosocial de Valeria Bertolo y el aporte médico de Cecilia Rosés, el encuentro permitió poner palabras donde muchas veces hubo tabúes, y transformar la prevención en una herramienta concreta de cuidado.




