El Gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos políticos más delicados desde que llegó a la Casa Rosada. Mientras continúa defendiendo el ajuste económico y la “motosierra”, distintas encuestas comenzaron a mostrar una fuerte caída en la imagen presidencial y un crecimiento del rechazo social que ya enciende alarmas dentro del oficialismo.
Los números reflejan un escenario incómodo para el Presidente: cada vez más argentinos aseguran sentirse decepcionados por la situación económica y afirman que hoy no volverían a votarlo. El impacto del ajuste, los aumentos constantes, la caída del consumo y la pérdida del poder adquisitivo empiezan a erosionar el respaldo que Milei había conseguido con su discurso antisistema.
El dato más preocupante para el oficialismo es que el desgaste ya no aparece solo en sectores opositores. Parte del electorado que acompañó al libertario en 2023 comienza a mostrar cansancio, frustración y enojo frente a una crisis que no encuentra alivio. La promesa de una rápida recuperación económica parece cada vez más lejana para millones de familias.
En medio de este escenario, crecen también las críticas al tono confrontativo del Presidente y a las polémicas permanentes en redes sociales y actos públicos. Mientras Milei insiste en profundizar el plan de ajuste, las protestas sociales y los reclamos por salarios, jubilaciones y financiamiento universitario se multiplican en las calles.
La caída en la imagen presidencial también empieza a preocupar a los mercados y a sectores empresariales que observan con atención el clima político. Analistas advierten que un Gobierno debilitado socialmente podría enfrentar mayores dificultades para sostener su programa económico y evitar nuevos focos de conflictividad.
Aunque desde la Casa Rosada sostienen que el plan económico “está funcionando”, las encuestas muestran otra realidad: el desgaste avanza y el escenario para una eventual reelección ya no parece tan sólido como hace algunos meses. En plena crisis social y económica, Milei enfrenta el desafío más complejo de su gestión: evitar que el ajuste termine convirtiéndose en un costo político irreversible.




