En el bloque «Ambiente, Sociedad y Sustentabilidad», conducido por la abogada y especialista en Derecho Ambiental Sonia Weisheim, se presentó una entrevista de divulgación científica con el doctor Federico Dino Degrange, licenciado en Biología, doctor en Ciencias Naturales y especialista en paleontología, quien explicó el origen, evolución y extinción de las denominadas “aves del terror” (fororracos), un grupo de aves carnívoras extintas que habitaron Sudamérica durante millones de años y que ocuparon el rol de depredadores tope en antiguos ecosistemas continentales. La conversación abordó su morfología, comportamiento depredador, distribución geográfica y los cambios ambientales que influyeron en su desaparición.
Degrange definió a los fororracos como aves terrestres corredoras, con adaptación exclusiva a la vida en el suelo y con escasa o nula capacidad de vuelo. “Eran aves corredoras, con escasa o nula capacidad de vuelo”, explicó el especialista, al señalar que su anatomía estaba orientada a la locomoción terrestre, lo que las convertía en cazadores eficientes en ambientes abiertos.

En relación con su estrategia de alimentación, el investigador detalló una característica central: el uso del pico como herramienta de ataque. Según explicó, “se acercaban a la presa y la golpeaban con el pico”, un comportamiento asociado a un cráneo con alta rigidez estructural y pérdida de flexibilidad craneana, lo que potenciaba la fuerza del impacto durante la caza.
Sobre su distribución paleogeográfica, Degrange indicó que el mayor desarrollo del grupo se dio en Sudamérica, especialmente en el sur del continente. “El foco de diversidad está en Patagonia y la provincia de Buenos Aires”, señaló. Además, mencionó la existencia de registros fósiles en otras regiones de América y hallazgos discutidos fuera del continente.

El especialista describió el ambiente paleoecológico en el que vivieron estas aves como radicalmente distinto al actual. “Era una selva tropical”, afirmó al referirse a la Patagonia durante el Mioceno, un período caracterizado por mayor humedad, vegetación densa y alta diversidad biológica, condiciones que favorecieron la expansión de grandes depredadores.
En cuanto a su evolución, Degrange explicó que los fororracos atravesaron un proceso de especialización extrema como depredadores terrestres.

Se volvieron excesivamente buenos en este tipo de depredación”, señaló, en referencia a su eficiencia en la caza activa por persecución, lo que los posicionó como carnívoros dominantes dentro de la cadena trófica.
Respecto a su extinción, el investigador planteó un escenario multicausal en el que intervinieron el cambio climático, la transformación de los ecosistemas sudamericanos y la llegada de nuevos depredadores tras el Gran Intercambio Biótico Americano, como felinos y cánidos, lo que generó una nueva competencia por los recursos disponibles.

Finalmente, Degrange destacó que el estudio de estos animales continúa en desarrollo dentro de la paleontología sudamericana. “Todavía estamos estudiando estas respuestas porque son complejas”, concluyó. Los avances en registro fósil y nuevas investigaciones permiten seguir reconstruyendo la historia evolutiva de estas aves extintas y su papel en los ecosistemas del pasado.





