En el bloque Ambiente, Sociedad y Sustentabilidad, conducido por la abogada Sonia Weisheim, especialista en Derecho Ambiental, la atención estuvo puesta en un universo que permanece oculto bajo la superficie, pero que resulta fundamental para la producción agropecuaria. Junto a la doctora en Ciencias Biológicas Carolina Trentini y al técnico del INTA Posadas, Javier Buscaglia, se abordó la importancia de la microbiología del suelo y el papel que cumplen hongos, bacterias y otros microorganismos en la nutrición de los cultivos, la conservación de los recursos naturales y la reducción del uso de insumos químicos. Los especialistas coincidieron en que conocer esta biodiversidad subterránea permite comprender mejor el funcionamiento de los sistemas productivos y avanzar hacia prácticas de manejo más eficientes.
La temática forma parte de las actividades desarrolladas en el marco del Tercer Seminario de Biología del Suelo, un espacio que reúne a investigadores, técnicos y productores para intercambiar conocimientos sobre los procesos biológicos que ocurren bajo tierra. El objetivo es acercar información científica al sector productivo y generar herramientas que contribuyan a un mejor manejo de los recursos naturales.

Durante la entrevista, Trentini explicó que el suelo alberga una gran diversidad de hongos, bacterias y otros microorganismos que mantienen una relación directa con las plantas. “Hay una íntima relación de estos microorganismos con las plantas. Las comunidades vegetales que se establecen arriba afectan y cambian completamente la comunidad del suelo”, señaló.
Uno de los puntos centrales de la conversación fue el papel de las micorrizas, hongos que viven asociados a las raíces y que favorecen la absorción de nutrientes. Según explicó la investigadora, estos organismos cumplen una función esencial para el desarrollo vegetal. “Las micorrizas básicamente son el sistema digestivo de las plantas. Ayudan a que los nutrientes que están fuera de la raíz ingresen y generan un sistema de intercambio nutricional que es vital”, afirmó.

Las investigaciones desarrolladas en Misiones también permitieron detectar diferencias en las comunidades microbianas según la región geográfica, las condiciones climáticas, la vegetación y las prácticas de manejo. En ese sentido, Trentini indicó que “no es lo mismo la comunidad que se establece en un yerbal de la zona sur que la que se establece en un yerbal de la zona norte”, al referirse a los resultados obtenidos en distintos puntos de la provincia.
Los estudios muestran que incluso dentro de una misma especie productiva, como la yerba mate, existen variaciones en los microorganismos asociados a las raíces. Estas diferencias son analizadas por los investigadores para comprender cómo influyen en la disponibilidad de nutrientes, el crecimiento de las plantas y su adaptación a distintas condiciones ambientales.

Otro de los hallazgos expuestos durante el seminario estuvo relacionado con los sistemas de producción. De acuerdo con los trabajos realizados, los manejos orgánicos presentan una mayor presencia de micorrizas en comparación con aquellos que utilizan fertilizantes químicos y herbicidas. “Notamos una mayor micorrización en los sistemas orgánicos”, sostuvo Trentini, quien remarcó la importancia de estas asociaciones para el funcionamiento de los cultivos.
Para los especialistas, una microbiología activa puede contribuir a mejorar la nutrición de los cultivos, disminuir la dependencia de fertilizantes, aumentar la capacidad de las plantas para afrontar períodos de sequía y conservar la fertilidad de los suelos a largo plazo.

“Es tan difícil hacer visible esto invisible y que a la vez tiene una importancia superlativa”, expresó Buscaglia, al destacar que gran parte de la riqueza productiva de los suelos misioneros depende de los organismos microscópicos que habitan bajo la superficie y sostienen procesos fundamentales para la agricultura.




