El salón estaba colmado. Docentes, directivos, estudiantes y autoridades se acomodaban en las butacas mientras se respiraba un clima de expectativa. Afuera, en los pasillos, se escuchaban conversaciones cruzadas sobre la importancia de la jornada y el impacto que tendría en las instituciones educativas de Misiones. Cuando el médico psiquiatra y psicoterapeuta Lucas Raspall tomó la palabra, el silencio fue inmediato: todos querían escuchar qué tenía para decir sobre un tema que atraviesa a la escuela y a la sociedad toda.

La extensa disertación de Raspall, realizada este viernes en la capital provincial en el marco de la creación del Departamento de Investigación y Extensión del SPEPM y del lanzamiento del postítulo en Educación Digital Integral, se convirtió en una verdadera clase magistral que abordó, durante varios minutos, la complejidad de los desafíos actuales en la educación.
Un contexto marcado por la tragedia de San Cristóbal
Raspall, director de la Diplomatura de Psicoterapias de Tercera Generación y docente invitado en cursos de posgrado y maestrías. Es también autor de diversos artículos científicos y de libros como Neurociencias para Educadores y Lo que necesitan los niños, comenzó su intervención recordando la tragedia ocurrida en San Cristóbal (Santa Fe), que derivó en una ola de amenazas en escuelas de todo el país. Señaló que el problema no debe ser reducido a las instituciones educativas:
“Esto no es un problema de la escuela. Ocurrió ahí porque es el lugar donde los adolescentes pasan gran parte de su vida, pero es un problema de la comunidad”.

Comparó la viralización de estas amenazas con la pandemia: “Esto se expandió más rápido que el COVID. Genera angustia en docentes, directivos, familias y alumnos. Todos quieren volver a sentir que la escuela es un lugar seguro. Y la escuela lo es, aunque sea difícil decirlo después de una tragedia”.
Comunidades digitales violentas y captación de adolescentes
Uno de los ejes centrales de la charla fue la descripción de cómo plataformas como Discord funcionan como espacios de captación de adolescentes vulnerables, con lógica sectaria:
“Se construyen victimarios en las redes con una finalidad: sembrar terror. Y lo han logrado, porque hoy lo que tenemos es miedo viralizado”.
Raspall explicó que estas comunidades internacionales buscan perfiles vulnerables: jóvenes aislados, con falta de pertenencia y entornos familiares deteriorados. Allí se les ofrece un rol, una misión, un sentido de pertenencia, y se los transforma en victimarios.

Adolescencia, límites y consecuencias
El psiquiatra vinculó este fenómeno con la adolescencia, etapa de transgresión de límites: “El problema es cuando no hay límites claros. Entonces los chicos pueden ir hasta el final. Y este caso fue un final literal para una persona, y un final de era: perdimos la inocencia de creer que esto solo pasaba en Estados Unidos”.
Advirtió que las sanciones son necesarias, pero no suficientes: “Expulsar, sancionar, bajar la edad de imputabilidad… eso marca un límite, pero hace falta educación digital. Porque nadie hace esto en el patio de la escuela mostrando la cara, pasa en territorios digitales que ni siquiera conocemos de nombre”.
Expulsar, sancionar, bajar la edad de imputabilidad… eso marca un límite, pero hace falta educación digital

Prohibición y regulación de dispositivos
Basado en evidencia científica, Raspall recomendó prohibir celulares en nivel inicial y primario, y regularlos en secundario. En este último caso, el uso debe estar liderado por el docente y con fines pedagógicos:
“No es para pavear ni para hacer stickers. El teléfono en el aula solo tiene sentido para aprender”.
Reconoció que el debate sobre el uso recreativo en recreos o para pagos digitales sigue abierto y debe resolverse en cada escuela según su contexto. Lo que sí está demostrado, dijo, es que la ausencia de teléfonos mejora el bienestar escolar.

La nueva brecha digital
Raspall introdujo un concepto clave: la nueva brecha digital. Ya no se trata de acceso a internet —hoy alcanzado por el 96% de la población— sino de garantizar el derecho a una educación digital que permita crecer en entornos saludables.
“El entorno digital sin acompañamiento adulto es tóxico. Es como si los chicos crecieran al lado de un basural. Nos toca a nosotros asumir la educación digital”, advirtió.
Neurodiversidad y educación inclusiva
El psiquiatra también se refirió a la necesidad de adaptar las propuestas didácticas a la neurodiversidad, señalando que niños con déficit de atención o dentro del espectro autista suelen quedar más expuestos al estímulo constante de los dispositivos:
“Cuando están enchufados a 220 con esa cantidad de estímulos parecen funcionar, pero cuando se apaga la pantalla y deben concentrarse en clase, es imposible. Tenemos que entender cómo lo digital afecta a cada condición y adecuar las propuestas”.
Educación digital como misión colectiva
Raspall cerró su intervención con un llamado a la acción: “Si las familias no estamos en esta, de esta no salimos. No es un juicio, es una descripción. La escuela sola no puede. Esto es de todos”.
Subrayó que la misión educativa hoy es mucho más profunda que transferir contenidos:
“Tenemos que educar personas en un mundo atravesado por lo digital. La educación digital no puede ser un accesorio, tiene que ser universal y siempre viva, porque cambia mes a mes”.
La importancia de construir límites
La extensa charla de Lucas Raspall en Misiones dejó en claro que la violencia y los riesgos digitales requieren respuestas colectivas, con familias, escuelas y comunidad trabajando juntas. La educación digital, la construcción de límites claros y la adaptación a la neurodiversidad son pilares fundamentales para formar ciudadanos críticos y seguros en un mundo atravesado por lo digital.
Este texto recoge en detalle la amplitud de la disertación, integrando sus conceptos sobre violencia, adolescencia, límites, dispositivos digitales, brecha digital y neurodiversidad, en un relato periodístico extenso que refleja la riqueza de la exposición.




