En el programa Espacio Wellness, conducido por Luciana Amado Siry, el psiquiatra y pediatra Mauricio Bottelli analizó cómo los cambios tecnológicos, especialmente el uso de pantallas en la infancia, están modificando la forma en que se interpreta la conducta infantil y cómo familias y escuelas enfrentan señales vinculadas al neurodesarrollo. Durante la entrevista se abordaron también las consultas frecuentes por inquietud, impulsividad y dificultades de atención, en un escenario donde la crianza se ve atravesada por cambios sociales acelerados. El especialista explicó que la escuela suele ser el primer espacio donde se detectan estas situaciones y que, en términos generales, cerca del 95% de los niños con estos cuadros evoluciona de manera favorable con acompañamiento adecuado.
El profesional explicó que los cambios en la infancia no pueden separarse del contexto tecnológico actual. “Las tecnologías van mucho más adelantadas que la sociedad, entonces esa sociedad siempre va acompañando esos cambios de forma más lenta”, señaló, al describir cómo las dinámicas digitales impactan en la atención, la interacción y la regulación emocional.
En relación con el uso de pantallas, indicó que existen recomendaciones internacionales, aunque su aplicación depende de cada familia y su realidad cotidiana. “Hay pautas de la Organización Mundial de la Salud, pero como lema, después cada familia lo puede hacer o no”, expresó, y destacó la importancia del tiempo compartido como factor protector frente al uso excesivo de dispositivos.

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la detección temprana de conductas que generan consulta. En ese sentido, remarcó el rol del ámbito escolar como primer observador. “El primer detector de estas situaciones donde hay una disfunción o una desregulación es la maestra, la docente de salita de tres, de cuatro, jardín o primer grado”, explicó.
El especialista también insistió en la necesidad de comprender el contexto antes de interpretar una conducta como patológica. “Lo primero que tiene que pensar es: hizo caca, cambiamos el pañal, tiene hambre”, señaló, al ejemplificar cómo factores cotidianos como cambios familiares, estrés o rutinas alteradas pueden influir directamente en el comportamiento.

Respecto del desarrollo infantil, sostuvo que la hiperactividad e impulsividad forman parte del crecimiento y de la exploración del entorno. “La hiperactividad forma parte del desarrollo. El niño explora, aprende y va regulando sus impulsos con el tiempo”, explicó, y agregó que muchas conductas se estabilizan con la maduración del sistema nervioso.
Sin embargo, aclaró que hay situaciones en las que estas conductas impactan en la vida diaria del niño, especialmente cuando aparecen frustración, dificultades de integración o conflictos en el vínculo social, lo que puede derivar en consultas profesionales para evaluación y acompañamiento.

Finalmente, destacó la importancia del diagnóstico temprano y del trabajo conjunto entre familia, escuela y profesionales de la salud. “Cuanto antes mejor, porque al final nos da información”, afirmó. En ese sentido, reiteró que el abordaje busca construir herramientas para la crianza y la educación emocional, y subrayó que “el 95% de los niños con estos cuadros logran regularse y tener una vida plena con acompañamiento adecuado”.





