Ante los pronósticos de excesos de lluvias para el próximo semestre y la posible influencia del fenómeno de El Niño, el Instituto de Macroeconomía Circular elaboró una guía técnica orientada a prevenir daños en la producción agropecuaria, con especial atención en la horticultura.
La producción hortícola aparece como una de las actividades más vulnerables frente a eventos climáticos extremos. Por sus ciclos cortos, su dependencia directa del estado del suelo y la sensibilidad de los cultivos al exceso de humedad, las lluvias intensas pueden provocar pérdidas económicas significativas si no se toman medidas preventivas a tiempo.

El documento del IMaC advierte que El Niño puede modificar las corrientes de viento y la humedad, generando impactos climáticos opuestos según la región. En Misiones, esto podría traducirse en lluvias torrenciales, vientos intensos, granizo y cambios bruscos de temperatura. Por eso, el organismo remarcó la necesidad de anticiparse y organizar las tareas productivas antes de que se agraven las condiciones del tiempo.
Entre las primeras recomendaciones, el instituto plantea adecuar la infraestructura de las chacras para permitir que el agua entre y salga de los lotes lo más rápido posible, sin erosionar el suelo. Para ello, se sugiere limpiar drenajes, mantener canales perimetrales y zanjas de desagüe, conservar la cobertura vegetal, sostener caminos internos en condiciones y levantar camellones de plantación con una altura mayor a la habitual.
También se aconseja proteger pasillos con material vegetal, como hojas secas, paja o aserrín, para evitar encharcamientos y compactación del suelo. En el caso de los invernaderos, la guía recomienda revisar canaletas y bajantes, reforzar estructuras, reparar plásticos dañados y asegurar anclajes.
El manejo del cultivo es otro punto central. Cuando el suelo está saturado, la planta entra en estrés mecánico y fisiológico. En ese contexto, el IMaC recomienda evitar el tránsito de maquinaria o personas dentro de los lotes, controlar los momentos de riego, suspender la fertilización nitrogenada y adelantar la cosecha de cultivos de hoja o frutos maduros cuando sea posible.
La humedad excesiva, además, favorece la aparición de enfermedades provocadas por hongos y bacterias. Por eso, la estrategia sanitaria incluye monitoreos más frecuentes, aplicaciones preventivas cuando el clima lo permita, poda de aireación, eliminación de plantas enfermas y registro de las condiciones climáticas y de las intervenciones realizadas.

Una vez pasada la tormenta, la guía recomienda esperar a que el agua baje y el suelo comience a orearse antes de realizar nuevas tareas. En esa etapa, se plantea aplicar bioestimulantes para ayudar a las plantas a recuperarse del estrés por asfixia radicular, realizar laboreo ligero solo si no se cuenta con cobertura y reparar de inmediato daños en invernaderos o estructuras productivas.
El documento también pone el foco en la seguridad del productor y del personal. Ante tormentas eléctricas o vientos intensos, la recomendación es suspender actividades, evacuar zonas abiertas e invernaderos metálicos, asegurar coberturas y elementos sueltos, evitar árboles, postes y tendidos eléctricos, y utilizar ropa impermeable, botas, guantes y elementos de protección acordes a cada tarea.

Desde el IMaC remarcaron que la prevención resulta más eficiente y económica que intentar recuperar un cultivo cuando las raíces ya fueron afectadas por el exceso de agua. La consigna que atraviesa el material es clara: prevenir hoy para proteger la producción de mañana.




