En el marco de la «Plaza Dulce» en la plaza San Martín de Posadas, alumnos del Profesorado de Química expusieron un proyecto de investigación que busca rescatar este fruto regional. Explicaron sus múltiples propiedades medicinales, su poder como conservante natural y cómo logran quitarle el histórico rechazo por su sabor amargo.

Cualquier posadeño que camine por la ciudad en esta época del año notará que las veredas y patios están repletos de árboles cargados de un fruto naranja, vistoso pero históricamente ignorado: el apepú (o naranja amarga). Con el objetivo de revertir ese desuso y demostrar el enorme potencial científico y gastronómico de este recurso local, estudiantes del Profesorado de Educación Secundaria en Química del Instituto «Antonio Ruiz de Montoya» coparon la plaza San Martín en la jornada denominada “Plaza Dulce”.
En diálogo con C6Digital, Gabriela Rodríguez, una de las estudiantes al frente de la iniciativa, detalló que la propuesta nació dentro de la cátedra de Seminario de Investigación, donde buscaron tender un puente directo entre la ciencia y la producción regional.
«La gente es reacia por lo amargo, pero descubrimos un tesoro»
Al ser consultada sobre por qué un fruto tan abundante suele terminar en el suelo sin ser recolectado, Rodríguez fue sincera respecto al prejuicio cultural: «Lo primero que te dice la gente es que es muy amargo y estamos como un poco reacios a utilizarlo. Pero la verdad es que, dentro de esta investigación, descubrimos que tiene un montón de propiedades muy importantes».
La futura docente enumeró los componentes químicos y nutricionales que hacen del apepú un alimento ideal, especialmente para la temporada invernal:
Alto contenido de Vitamina C y antioxidantes: Fundamentales para fortalecer el sistema inmunológico en los meses de frío.
Pectinas y flavonoides: Compuestos vegetales que funcionan de manera excelente como gelificantes naturales para la consistencia de las mermeladas.
Conservante natural: Las propiedades de la propia fruta permiten prolongar la vida útil de los alimentos elaborados sin necesidad de recurrir a aditivos químicos o industriales.
Un menú completo: desde galletitas integrales hasta vino de apepú

Para demostrar la versatilidad del fruto, el grupo de estudiantes montó una mesa de degustación que sorprendió a los vecinos que paseaban por la plaza céntrica de la capital misionera. «Trajimos de todo para que la gente pueda servirse, probar y dejarnos su comentario: jugos, galletitas integrales, budines, mermeladas y bizcochuelos», comentó Gabriela.
Sin embargo, el producto más llamativo de la muestra fue un desarrollo estrictamente ligado a los procesos químicos de fermentación: un vino de apepú elaborado íntegramente por los alumnos en los laboratorios del profesorado.
«Escuchando a la gente que se acerca, notamos que lo conocen mucho por sus propiedades medicinales; la mayoría lo usa para eso. Pero en los productos comestibles también queda muy rico. Tiene ese gustito diferente, se siente el sabor, pero es agradable; la acidez que tiene está muy buena para los que les gustan los sabores ácidos», explicó la estudiante.
Identidad misionera: endulzar con miel de caña y de abeja
Uno de los pilares del proyecto de investigación es mantener la línea de lo sustentable y lo regional. Para mitigar el fuerte amargor característico del apepú, el equipo decidió prescindir de los azúcares refinados tradicionales y apostar por endulzantes con ADN local, vinculados al programa provincial Dulzura de mi Tierra.
«La idea es que sean productos 100% naturales. Estamos utilizando e integrando la miel de caña y la miel de abeja. Queremos endulzar esto que tiene que ver con la naranja, pero con elementos bien nuestros», remarcó Rodríguez, haciendo hincapié en que una mermelada de apepú hecha bajo este método puede durar mucho tiempo guardada de forma natural gracias a los propios ácidos de la fruta.
Si bien la estudiante aclaró que el proyecto del Instituto Montoya nació con fines estrictamente académicos y pedagógicos —orientado a demostrar qué se puede hacer con lo que se tiene al alcance de la mano—, no descartó que esto deje una semilla para los productores locales. «A futuro está bueno para pensar en la comercialización por parte de la producción misionera. Por ahora, la idea es mostrar que el que tiene el producto lo puede aprovechar en su casa, o incluso donar el fruto a quienes quieran procesarlo. Estamos recibiendo comentarios muy positivos de la comunidad», concluyó entusiasmada.





