La vida de Roberto Silva, de 60 años, cambió por completo el 29 de noviembre, cuando recibió un trasplante de riñón en el Hospital Madariaga. Había llegado al centro de salud por un problema distinto, pero el diagnóstico fue contundente: su función renal estaba al 10% y se encontraba al borde de un paro. “Prácticamente estaba al límite”, recuerda.
Antes de ese momento, Roberto no tenía hábitos de control médico. “Nunca fui al médico, nunca me hice un examen de nada”, cuenta. Fue una consulta casual la que terminó revelando un cuadro crítico que cambiaría su vida para siempre.
El tratamiento que siguió no fue sencillo. Durante cinco años, atravesó sesiones de diálisis tres veces por semana. “Fue muy complicado, llegaba un momento que tenía ganas de abandonar todo”, relata. En ese período, su rutina y su estado emocional se vieron profundamente afectados, con altibajos constantes que marcaron su día a día.

El punto de inflexión llegó con un llamado esperado: había un órgano disponible. “Salió el trasplante”, dice. La intervención fue exitosa y el proceso de recuperación fue más rápido de lo esperado. “Después del trasplante fue como empezar a vivir otra vez”, resume.
A casi cuatro años de aquella cirugía, Roberto lleva una vida normal. Mantiene controles médicos periódicos, cumple con su medicación y sostiene hábitos de cuidado. “Hoy hago una vida normal, como antes, solo que con la rutina de los medicamentos y algunos cuidados en la alimentación”, explica.
Además del resultado médico, destaca la atención recibida durante su internación. “La atención fue magnífica, me sentí como en mi casa”, afirma, al referirse al equipo de salud que lo acompañó en todo el proceso.

Su experiencia también lo llevó a transmitir un mensaje claro sobre la donación de órganos. “Donar salva vidas. Gracias a eso hoy puedo vivir tranquilo”, sostiene. Y suma una reflexión personal: la importancia de los controles médicos a tiempo, algo que él mismo no había incorporado antes de atravesar esta situación.
Hoy, con una vida recuperada, Roberto resume su presente en una palabra: agradecimiento. “Me cambió un montón la vida”, concluye. Y su historia lo confirma.





