La carne vacuna, uno de los alimentos más representativos de la cultura argentina, atraviesa un momento histórico. El consumo por habitante alcanzó su nivel más bajo en más de 20 años, en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento de los alimentos. Mientras tanto, el pollo y el cerdo ganan terreno como opciones más accesibles para las familias.
De acuerdo con datos del sector, el consumo de carne vacuna se ubicó en torno a los 47,5 kilos por habitante al año, un registro que refleja una tendencia sostenida de caída. El fenómeno no solo responde a una cuestión económica, sino que también evidencia cambios en los hábitos de compra y alimentación de los hogares.
La disminución del consumo coincide con un período en el que los precios de la carne registraron aumentos por encima de otros productos de la canasta básica. Frente a este escenario, muchos consumidores optaron por reducir las compras o reemplazar cortes tradicionales por alternativas de menor costo.
En paralelo, el pollo continúa consolidándose como una de las proteínas más elegidas. Su precio más competitivo permitió que gane participación en el consumo familiar, mientras que la carne porcina también amplió su presencia en carnicerías, supermercados y comercios especializados.
El cambio resulta significativo para un país que históricamente se destacó por liderar los rankings mundiales de consumo de carne vacuna. Especialistas del sector señalan que, por primera vez, la diferencia entre el consumo de carne bovina y otras proteínas se redujo de manera considerable.
Otro factor que influye en la situación es el crecimiento de las exportaciones. La demanda internacional permitió que una parte importante de la producción se orientara a mercados externos, mientras el consumo interno mostró señales de retracción.
La transformación de la mesa argentina refleja el impacto que tienen los precios y los ingresos familiares en las decisiones cotidianas de consumo. El asado sigue siendo una tradición arraigada, pero cada vez más hogares ajustan sus elecciones en función del presupuesto disponible.
Con este escenario, el consumo de carne vacuna enfrenta uno de sus mayores desafíos de las últimas décadas. Los datos muestran que el cambio ya está en marcha y que el pollo y el cerdo dejaron de ser alternativas ocasionales para convertirse en protagonistas de la alimentación de millones de argentinos.
(Fuente: Ámbito)




