Durante la vigilia patria realizada el pasado 24 de mayo en Oberá, el secretario de Estado de Cultura de Misiones, Joselo Schuap, entregó un reconocimiento al contador y empresario Jorge Néstor por su acompañamiento constante a distintas iniciativas culturales y sociales en la provincia. El homenaje se realizó en un lugar cargado de significado: la Casa Argentina del Parque de las Naciones, un espacio que guarda una historia de trabajo colectivo, compromiso y sentido de pertenencia.
La distinción se dio en el marco de la “Fiesta Patria en el Parque y Serenata a la Patria”, organizada por la Federación de Colectividades y el Centro Cultural Argentino, con apoyo del Ministerio de Cultura de Misiones. La celebración reunió a músicos, ballets folclóricos y familias que participaron de la tradicional vigilia para recibir el 25 de Mayo.

Sin embargo, detrás de ese escenario emblemático existe una historia que comenzó hace veinte años. En 2005, Jorge Néstor observó que la entonces Casa Argentina no reflejaba el crecimiento que había alcanzado el Parque de las Naciones ni la importancia que tenía dentro de la Fiesta Nacional del Inmigrante. “La Casa Argentina no estaba a la altura y si mirábamos las casas de las demás colectividades se sentía raro. Por eso, con Marga, decidimos que había que hacer algo”, recordó.
Con apenas cuarenta días antes del inicio de la Fiesta Nacional del Inmigrante, el desafío parecía difícil de concretar. Aun así, junto a su compañera Marga, integrantes del Centro Cultural Argentino, empresarios y amigos, comenzaron una movilización para refaccionar completamente el edificio y ponerlo en valor.
“Me contacté con Julio Barchuk, por entonces presidente de la Federación de Colectividades, y con el Padre Guillermo Hayes, y trabajando junto al Centro Cultural Argentino movilizamos algunos amigos y empresarios y pusimos a rodar la cosa”, contó Néstor sobre los primeros pasos del proyecto.
Contra todos los pronósticos, la obra fue terminada en tiempo récord. La nueva Casa Argentina quedó inaugurada durante la edición 2005 de la Fiesta Nacional del Inmigrante y rápidamente se convirtió en uno de los espacios más concurridos del predio. Uno de los principales atractivos fue su tradicional asador criollo, que todavía es recordado por quienes participaron de aquellas celebraciones.
“Logramos hacerla en 40 días y fue un éxito total”, resumió Néstor al recordar aquella experiencia colectiva que involucró esfuerzo, colaboración y compromiso con la identidad cultural obereña.
Dos décadas después, el reconocimiento entregado durante la vigilia patria volvió a poner en valor esa historia. En el mismo lugar donde nació aquella iniciativa, el homenaje también funcionó como un gesto de memoria hacia quienes trabajan silenciosamente para fortalecer la cultura y dejar una huella en la comunidad.




