En el bloque Ambiente, Sociedad y Sustentabilidad conducido por Sonia Weisheim, el especialista en ginecología David Rywaka analizó cómo los cambios climáticos, la contaminación ambiental, el estrés y los hábitos actuales impactan sobre la salud hormonal femenina. El profesional señaló que en los últimos años aumentaron las consultas por enfermedades ginecológicas y advirtió que cada vez se registran más casos en mujeres jóvenes. Además, relacionó este escenario con factores ambientales, el consumo de productos ultraprocesados, el uso de sustancias químicas y las nuevas exigencias sociales que atraviesan las mujeres.
Rywaka explicó que factores como la humedad, las altas temperaturas y la contaminación ambiental producen alteraciones sobre el sistema hormonal femenino. “La mujer tiene un sistema hormonal complejo y todos estos cambios generan un impacto directo sobre el eje hormonal”, sostuvo. Según indicó, la exposición constante a contaminantes y situaciones de estrés favorece procesos inflamatorios y alteraciones metabólicas que terminan afectando distintas funciones del organismo.
Entre las enfermedades que actualmente registran un incremento mencionó la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico o metabólico, la menopausia precoz y patologías oncológicas como el cáncer de útero y el cáncer de mama. También señaló que las condiciones climáticas, especialmente la humedad y el calor, favorecen cuadros de candidiasis recurrente. “Estamos viendo más diagnósticos y más consultas que hace una década”, afirmó el especialista.

El médico explicó que muchos de los compuestos presentes en alimentos ultraprocesados, agroquímicos y productos cosméticos funcionan como disruptores endocrinos. “Los agrotóxicos y ciertas sustancias químicas actúan simulando hormonas y generan alteraciones hormonales y reproductivas”, indicó. Además, sostuvo que la exposición prolongada a estos compuestos puede afectar el funcionamiento ovárico y provocar problemas vinculados a la fertilidad.
En ese contexto, Rywaka relacionó la disminución de la natalidad con distintos factores ambientales y sociales. “Se está viendo una afectación del ovario y del eje neuroendocrino que hace que el ovario funcione menos”, expresó. Según explicó, el estrés constante, los cambios hormonales y las enfermedades metabólicas también pueden influir sobre las dificultades para lograr embarazos.

Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue el impacto del nuevo rol social de la mujer. El especialista señaló que actualmente muchas mujeres combinan responsabilidades laborales, tareas domésticas, cuidado familiar y presión social vinculada a la imagen personal. “Todo eso genera un estrés constante que afecta la función hormonal, el deseo sexual y la salud física y emocional”, explicó. También vinculó esta situación con la exposición permanente a estándares estéticos impulsados por las redes sociales.
En relación con la prevención, el ginecólogo remarcó la importancia de iniciar controles médicos desde la adolescencia. “Una vez que comienzan los cambios puberales ya es recomendable realizar una consulta ginecológica”, señaló. Además, explicó que muchos de estos controles no implican necesariamente un examen físico, sino espacios de orientación y seguimiento sobre salud sexual y reproductiva.

Finalmente, Rywaka insistió en la necesidad de reforzar los controles preventivos y el cuidado de la salud sexual. Entre los estudios recomendados mencionó el Papanicolaou, el test de HPV, las ecografías ginecológicas y los controles mamarios. También subrayó la importancia del uso de métodos de barrera para prevenir enfermedades de transmisión sexual. “Muchas veces el foco está puesto solamente en evitar embarazos, pero también hay que prevenir enfermedades que pueden generar consecuencias complejas para la salud”, concluyó.




