Después de un tiempo sin pasar por el estudio, la Dra. Mariela Alvarenga volvió a la mañana de Cadena de Noticias con la energía que la caracteriza. Llegó “encendida”, como marcó Jorge Kurrle al recibirla, y hasta el color de su ropa abrió la charla: un magenta intenso —“para ponerle energía a la mañana”, dijo ella— que terminó siendo casi una metáfora de todo lo que vino después: vitalidad, transformación y una invitación a mirar la salud desde otro lugar.
La conversación arrancó desde un lugar profundamente humano. Antes de hablar de congresos, tratamientos o medicina integrativa, la doctora eligió comenzar con gratitud. Agradeció públicamente al doctor Carrozzo y su equipo por la atención a su hermana, y al doctor Neudeck, de urología, por el acompañamiento a su hijo. Ambas experiencias, contó, la acercaron nuevamente a esa medicina de urgencia y quirófano que ella no ejerce, pero que valora cuando la vida obliga a “tocar fondo” para tomar decisiones.
“A veces hay que tocar fondo para tomar control en la vida”, expresó Alvarenga, al reflexionar sobre esos procesos familiares que la golpearon de cerca pero que también dejaron cambios importantes. Desde ahí, la médica planteó una idea que atravesó toda la entrevista: la enfermedad, muchas veces, aparece como una señal que obliga a revisar hábitos, emociones, vínculos y modos de vida.

Jorge Kurrle la fue llevando por ese camino de novedades, y la doctora contó que venía de participar en un congreso de medicina integrativa que, según relató, terminó de unir muchas de las piezas que ella venía estudiando desde hace años: medicina funcional, ortomolecular, biológica, cuántica, fitoterapia, ayurveda, biodescodificación y nutrición celular.
“Se empezó a integrar no solo los órganos entre sí, sino también otras partes del ser que nosotros no integramos”, remarcó. Para Alvarenga, ya no alcanza con mirar un síntoma aislado. Un dolor de panza, un mal descanso, una inflamación persistente o una baja de energía pueden estar vinculados no solo con lo que se come, sino también con el momento emocional en que se vive, los vínculos, el estrés, la exposición a tóxicos y el sistema nervioso.
En esa línea, puso el foco en la necesidad de revisar lo cotidiano: los productos que se usan, los materiales con los que se cocina, los cosméticos, los desodorantes, los artículos de limpieza y hasta la radiación electromagnética. Habló de metales pesados, disruptores hormonales y de cómo esas pequeñas exposiciones diarias, casi invisibles, pueden acumularse y alterar el equilibrio del organismo.
Uno de los pasajes más contundentes llegó cuando habló de movimiento, descanso y prevención. “No hay salud sin movimiento”, afirmó. Y fue más allá: planteó que no se puede hablar de rejuvenecimiento biológico si no hay actividad física, sueño reparador, alimentación consciente y un cuerpo con energía suficiente para sostener esos cambios.

Allí dejó una de las frases centrales de la entrevista: “La medicina preventiva es la medicina del futuro”. Para la doctora, no se trata de esperar el dolor, sacar un turno y recién ahí mirar qué pasa. La propuesta es anticiparse: hacerse controles, mirar el laboratorio, ordenar la agenda y decidir en qué momento del año —y de cada día— uno va a ocuparse de su salud.
Kurrle también la consultó por esta época de frío, gripes y cuadros respiratorios. Alvarenga fue directa: destacó la importancia de la vitamina C y la vitamina D como pilares de apoyo inmunológico, siempre con la recomendación de controles y criterio profesional. “Si hay dos vitaminas que no tienen que faltar, son la vitamina C y la vitamina D”, sostuvo.
También propuso recursos simples y naturales: sopas con verduras, jengibre, cúrcuma y ajo; infusiones con plantas locales como el ambay; exposición solar responsable; contacto con la tierra; respiración, oración, meditación o cualquier práctica que ayude a bajar el nivel de estrés. En su caso personal, contó que en apenas veinte minutos puede tomar mate al sol, descalza, rezar el rosario y agradecer. Una escena sencilla que usó para graficar que no todo lo saludable depende de comprar suplementos o tratamientos costosos.

“La gente que está mirando afuera tiene que mirar adentro”, dijo, al insistir en la importancia de reconocer emociones como tristeza, miedo, ira o culpa antes de que se transformen en sufrimiento sostenido. Para ella, la salud también se juega en esa capacidad de registrar qué pasa por dentro.
Hacia el final, la charla derivó en sus nuevas búsquedas de formación. Contó que se prepara para un congreso de medicina biológica que une odontología y medicina, porque —según explicó— muchas veces tratamientos médicos no avanzan si no se mira también la boca del paciente. Además, recomendó materiales y lecturas vinculadas a biodescodificación, medicina integrativa y experiencias cercanas a la muerte, desde una mirada donde ciencia y espiritualidad empiezan a dialogar.
“Entender que la ciencia no es todo, sino que hay que integrar también esta parte de energía”, resumió Alvarenga, al contar cómo su propio camino profesional la fue llevando a recuperar una dimensión espiritual que había dejado en pausa durante sus años de formación médica.
La entrevista cerró con los datos de contacto de su espacio, ubicado en Coronel Álvarez 1589, y con su WhatsApp 3764 527871, atendido por Natalia y Romina. Pero más allá de la agenda y los turnos, la visita dejó una idea fuerte: la salud no empieza en el consultorio ni termina en un medicamento. Empieza, según la doctora, en la decisión diaria de mirar el cuerpo, revisar los hábitos, ordenar las emociones y volver a integrar lo que durante años se miró por separado.




