El mercado laboral argentino está mostrando una postal incómoda: cada vez más personas trabajan, pero en condiciones más frágiles. El crecimiento del cuentapropismo —que ya roza niveles de la pandemia— no es una señal de recuperación, sino el reflejo de una economía que expulsa empleo formal y empuja a miles a sobrevivir por su cuenta. Detrás de cada número hay una realidad concreta: menos estabilidad, menos derechos y más incertidumbre.
En el último año, el trabajo independiente volvió a ganar terreno en las principales zonas urbanas del país, hasta representar cerca de uno de cada cuatro ocupados. Este avance no responde a una elección, sino a la falta de alternativas: ante la caída del empleo asalariado, el “rebusque” se convierte en la única salida posible para sostener ingresos.
El problema central es la calidad del empleo que se pierde. Los puestos asalariados —los que garantizan obra social, aportes jubilatorios y cierta previsibilidad— son los que más retroceden. En paralelo, crecen ocupaciones informales, inestables y con ingresos variables, profundizando una tendencia que ya se había instalado durante la crisis sanitaria.
Los datos también reflejan una pérdida neta de puestos de trabajo, lo que agrava aún más el escenario. No solo hay más cuentapropistas: hay menos empleo en general. Este combo genera un mercado laboral más débil, donde incluso quienes trabajan lo hacen en condiciones más precarias que años anteriores.
La informalidad, en este contexto, vuelve a ocupar un lugar central. Una porción significativa de los asalariados sigue trabajando sin registrar, lo que amplía la brecha de derechos y expone a miles de personas a una mayor vulnerabilidad frente a cualquier crisis económica o personal.
Lejos de ser una recuperación, el avance del cuentapropismo deja al descubierto un cambio estructural: el empleo en Argentina no solo escasea, sino que se vuelve cada vez más inestable. La economía no logra generar puestos de calidad, y el costo lo absorben los trabajadores, que quedan atrapados en una lógica donde trabajar ya no garantiza seguridad.




