(Redacción C6Digital / Jorge Kurrle) Cada martes, las plataformas de C6Digital abren un espacio distinto para mirar la Justicia desde otro lugar. No desde el expediente frío ni desde la solemnidad de los despachos, sino desde las historias, las preguntas y los recorridos humanos que también explican a quienes hoy toman decisiones institucionales. En esa línea, el ciclo conducido por la abogada Anasol Benítez, realizado íntegramente en C6Digital, recibió a la actual presidenta del Superior Tribunal de Justicia de Misiones, Rosanna Pía Venchiarutti, en una conversación que permitió recorrer no solo su función actual, sino la vida que la fue formando.

La historia empieza lejos del cargo y muy cerca de la memoria. Venchiarutti se reconoce hija de una generación marcada por cambios profundos. “Yo soy de la década del 60, una década mayormente marcada por un montón de cambios”, recordó al mirar hacia atrás. Desde Oberá, su ciudad de origen, creció en una casa donde la radio era compañía diaria, la televisión reunía al barrio y la escuela se transitaba caminando, con esa naturalidad de los pueblos donde los vínculos también educan.
“Yo soy de la década del 60, una década mayormente marcada por un montón de cambios”,

En su relato aparece una joven que partió a Córdoba para estudiar Derecho en plena dictadura. No fue una mudanza sencilla ni una aventura liviana: fue irse de Misiones con miedos, controles, silencios y preguntas. Ingresó a la universidad en un tiempo de cupos estrictos, exámenes exigentes y aulas donde algunos lugares quedaban vacíos sin demasiadas explicaciones. Allí, entre clases de Derecho Constitucional, militancia estudiantil, teatro, expresión corporal y la necesidad de entender lo que pasaba alrededor, empezó a construirse una mirada jurídica profundamente atravesada por lo humano.
Ingresó a la universidad en un tiempo de cupos estrictos, exámenes exigentes y aulas donde algunos lugares quedaban vacíos sin demasiadas explicaciones.
Hay un momento que resume esa etapa: el 10 de diciembre de 1982, Día de los Derechos Humanos, se recibió de abogada con apenas 22 años. Al año siguiente vivió la recuperación democrática con una emoción que todavía se nota en sus palabras. “La emoción que teníamos todos por haber votado por primera vez, yo no te puedo explicar”, contó al recordar aquella jornada histórica. Para ella, la democracia no fue una consigna abstracta: fue experiencia personal, memoria corporal y decisión de vida.
“La emoción que teníamos todos por haber votado por primera vez, yo no te puedo explicar”,
Luego vino el regreso a Misiones. Trabajó con su padre, se vinculó con espacios universitarios, participó en ámbitos de derechos humanos y siguió buscando un lugar donde unir oficio, convicción y servicio. Hasta que, como ella misma lo definió, “la Justicia me encontró”. Fue convocada para ocupar una secretaría judicial y ya no se fue más. Allí descubrió que el Estado podía darle una forma concreta a su vocación: trabajar por una función pública con responsabilidad directa frente a los conflictos de las personas.
La Justicia me encontró
Durante 14 años fue secretaria de juzgado. Después llegaron el Consejo de la Magistratura, los concursos, las ternas, la mudanza a Posadas y una decisión familiar difícil. Dejó su pueblo, sus costumbres, sus amigos y parte de su rutina para asumir un nuevo desafío. En ese tramo, la historia institucional se mezcla con la vida doméstica: hijos en edad escolar, viajes de fin de semana, desarraigo, adaptación y la certeza de que una carrera pública también se construye con renuncias silenciosas.

La entrevista también mostró a una mujer consciente de los cambios de época. Venchiarutti recordó el paso de la máquina de escribir, el stencil y el corrector a las primeras computadoras en los juzgados. “Yo empiezo a trabajar en el Poder Judicial cuando se escribía a máquina todavía”, repasó. Y al hablar de la llegada de la computadora, lo resumió con humor y memoria: “Cuando llegó eso al juzgado, nosotros éramos Gardel”. La digitalización, para ella, fue otra revolución dentro del Poder Judicial.
Yo empiezo a trabajar en el Poder Judicial cuando se escribía a máquina todavía”
Pero su mirada no se queda en la tecnología. Al contrario: insiste en que el futuro del Derecho exige equilibrio. “Lo que tenemos que lograr es el punto medio, que la tecnología no avance sobre la humanidad y que vos no te quedes en esto y no aprendas tecnología”, planteó. En ese sentido, defendió el lenguaje claro, las sentencias comprensibles y la necesidad de que jueces y abogados puedan comunicarse con la gente sin esconderse detrás de tecnicismos.
“Lo que tenemos que lograr es el punto medio, que la tecnología no avance sobre la humanidad y que vos no te quedes en esto y no aprendas tecnología”
Uno de los pasajes más cálidos de la charla fue cuando describió a Misiones como una provincia de mezclas, tonadas y fronteras. Habló de las diferencias entre la costa del Paraná y la del Uruguay, de la influencia brasileña y paraguaya, de los giros idiomáticos y de esa identidad misionera que no se explica desde una sola raíz. “La tierra colorada tira mucho más”, dijo al hablar del regreso, de los hijos y de esa pertenencia que nunca se pierde del todo. Y dejó otra frase sencilla, pero potente: “El derecho a la tonada hay que defenderlo siempre”.
“La tierra colorada tira mucho más”
Ese criterio aparece con fuerza cuando habla de la selección de jueces. Como presidenta del Consejo de la Magistratura, explicó que no alcanza con saber Derecho: hay que conocer el lugar donde se va a ejercer, comprender las culturas locales, soportar la presión del cargo y tener sensibilidad social. Para ella, un juez de paz, un magistrado o un fiscal deben poder leer la realidad concreta de una comunidad, sus palabras, sus hábitos y sus conflictos.
También hubo lugar para destacar el valor de la capacitación permanente dentro del Poder Judicial. Venchiarutti remarcó el trabajo del Centro de Capacitación, tanto hacia adentro como hacia afuera de la institución, con propuestas gratuitas y abiertas que no solo fortalecen a quienes integran la Justicia, sino también a abogados y profesionales que buscan seguir formándose.
“Ese trabajo llega a toda la ciudadanía y está a disposición de todos los abogados, estén o no estén dentro del Poder Judicial”, subrayó, como una manera de insistir en que una Justicia moderna no se construye únicamente con tecnología, sino también con formación, apertura y cercanía.
En el cierre, Venchiarutti dejó una idea que atraviesa toda su historia: la Justicia no puede pensarse encerrada sobre sí misma. Debe capacitarse, escuchar, abrirse a otras disciplinas y responder al pueblo. “En definitiva, al único que se le debe una respuesta es al pueblo, que es el único soberano”, remarcó durante la conversación.
Al único que se le debe una respuesta es al pueblo
Desde aquella joven obereña que viajó a Córdoba en tiempos difíciles hasta la actual presidenta del Superior Tribunal de Justicia de Misiones, hay una línea que se mantiene: la vocación por entender antes de decidir, por humanizar antes de juzgar y por sostener que la función pública, cuando se ejerce con memoria y compromiso, también puede ser una forma de devolverle algo a la tierra que siempre tira.
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