En una charla distendida y muy clara, Luciana Amado Siry entrevistó a la médica Melina Rosciszewski, integrante del equipo de la doctora Florencia Sartori, y puso sobre la mesa un tema cada vez más presente en la medicina estética actual: el cuidado de las manos como parte de una mirada integral del envejecimiento saludable.

La entrevista fue abriendo una idea que hoy gana terreno en los consultorios: ya no alcanza con cuidar sólo el rostro. El cuello, el escote y especialmente las manos empezaron a ocupar un lugar central porque muchas veces revelan con más fuerza el paso del tiempo. En ese punto, Melina dejó una de las frases más potentes de la conversación: “Nuestro objetivo es orientar a esa edad que pareciera que tiene esa persona en el rostro, extenderlo a todo el cuerpo”.
A partir de esa definición, la médica explicó que muchas veces no hay concordancia entre una cara cuidada y unas manos que muestran pérdida de turgencia, afinamiento de la piel, mayor visibilidad de venas o huellas de exposición solar y desgaste. “¿Por qué nos olvidamos de las manos? ¿Y por qué muchas veces no coinciden con la apariencia del rostro?”, fue una de las preguntas que ayudó a ordenar una charla donde el eje no pasó por lo superficial, sino por una visión más amplia, coherente y realista del cuidado personal.
¿Por qué nos olvidamos de las manos? ¿Y por qué muchas veces no coinciden con la apariencia del rostro?

Rosciszewski detalló que el envejecimiento también se expresa allí porque, así como se pierden compartimientos grasos en el rostro, ocurre algo similar en otras partes del cuerpo. “Es un signo del paso del tiempo”, resumió, al explicar por qué las manos empiezan a mostrar venas más visibles, piel más fina y menor elasticidad.
Es un signo del paso del tiempo”
Luciana fue llevando la conversación hacia el terreno práctico y ahí apareció uno de los recursos más usados hoy en este tipo de abordajes: los bioestimuladores. Melina lo explicó en términos simples para que cualquiera pudiera entenderlo: “Son compuestos que nosotros introducimos en el cuerpo”, con el objetivo de despertar procesos naturales que favorezcan la producción de colágeno, elastina y una mejor calidad de piel.
Bioestimuladores, son compuestos que nosotros introducimos en el cuerpo”

La médica aclaró, además, que estos tratamientos no responden a promesas mágicas ni a resultados instantáneos. “Yo no puedo prometer a un paciente que esto va a ser de hoy para mañana”, remarcó, en una definición que bajó a tierra una de las ideas más importantes de toda la nota: los cambios existen, pero son progresivos, medidos y dependen de cada organismo.
Yo no puedo prometer a un paciente que esto va a ser de hoy para mañana
En ese recorrido, también hubo espacio para hablar de capacitación y actualización constante. Rosciszewski contó que viaja con frecuencia a Buenos Aires para seguir formándose y estar al tanto de nuevas técnicas, protocolos y productos. “Para estar en un equipo de primera, hay que ser de primera”, afirmó. Y enseguida profundizó en una realidad que atraviesa hoy a toda la medicina estética: “La tecnología y cómo van avanzando las composiciones de los productos y los híbridos que ahora están muy en auge, hacen que estemos todo el tiempo capacitándonos”.
Para estar en un equipo de primera, hay que ser de primera

La entrevista también dejó ver otro rasgo central de esta nueva etapa de la estética: el tratamiento personalizado. Nada se define sólo por la edad. La calidad de piel, el estilo de vida, el nivel de actividad física, los hábitos y el estado general del paciente forman parte del análisis. “Hay que evaluar siempre al paciente. Eso es, sin dudas, la regla para todo”, sostuvo Melina. Y reforzó esa lógica con otra frase clave: “Tenemos que saber qué tratamiento es para qué paciente”.
En otro tramo muy rico de la charla, Luciana resaltó la mirada integral que impulsa el equipo de Florencia Sartori. Allí, la médica explicó que los mejores resultados no dependen sólo de una práctica puntual, sino de un trabajo interdisciplinario donde también importan la cosmiatría, la medicina funcional, los hábitos saludables y el contexto general del paciente. “Caer en buenas manos y en buenos profesionales y tal vez en un equipo interdisciplinario” aparece, en esa línea, como una de las bases de cualquier abordaje serio.
Los mejores resultados no dependen sólo de una práctica puntual, sino de un trabajo interdisciplinario
La conversación se volvió todavía más interesante cuando se metió en el terreno de las redes sociales, los filtros y los modelos irreales de belleza. Rosciszewski advirtió sobre el riesgo de dejarse llevar por modas, rutinas virales o resultados falsamente perfectos. “Es súper importante la coherencia del profesional”, subrayó. Y dejó una advertencia tan concreta como necesaria: “Si sé poner, tengo que saber cómo sacar, cómo solucionar”.
Es súper importante la coherencia del profesional

Sobre el cierre, la nota terminó de redondear una idea que sobrevoló de principio a fin: la medicina estética ya no busca borrar el tiempo, sino acompañarlo mejor. Ya no se trata de perseguir una juventud imposible, sino de envejecer con salud, naturalidad y criterio. En esa línea, Melina marcó con claridad el cambio de paradigma: “Antes era el concepto de eterna juventud y hoy cambió ese concepto y es un concepto de envejecimiento saludable”.
Antes era el concepto de eterna juventud y hoy cambió ese concepto y es un concepto de envejecimiento saludable
Así, con el cuidado de las manos como puerta de entrada a una discusión más amplia, la entrevista entre Luciana Amado Siry y Melina Rosciszewski dejó una conclusión contundente: en la medicina estética del presente, el verdadero desafío no es cambiar una cara ni esconder la edad, sino acompañar el paso del tiempo con armonía, salud y coherencia.




