En un nuevo envío semanal de Espacio Wellness por las plataformas de C6Digital, Luciana Amado Siry condujo una charla cálida, cercana y de esas que obligan a bajar un cambio para escuchar. Del otro lado estuvo Rubén Alejandro Romero, terapeuta e instructor de sanación pránica, quien no solo explicó de qué se trata esta disciplina, sino que además buscó volver comprensible algo que para muchos todavía suena lejano: la relación entre energía, emociones y bienestar.

Luciana llevó la entrevista con esa mezcla de curiosidad genuina y empatía que habilita al invitado a contar más. Apenas abrió el tema, fue al corazón de la inquietud que seguramente tenían muchos espectadores: “¿Qué es eso? ¿Qué me estás hablando? Vamos por el principio”. Y Rubén recogió el guante para explicar que la sanación pránica es, en esencia, sanación por medio del prana, esa energía vital que distintas culturas nombran de diferentes maneras, pero que todas reconocen como parte de la vida misma.
La sanación pránica es, en esencia, sanación por medio del prana, esa energía vital que distintas culturas nombran de diferentes maneras,
A lo largo de la conversación, Romero puso en palabras una idea tan profunda como sencilla: no somos solo materia. Según explicó, el cuerpo también está sostenido por energía, y cuando esa energía se altera por pensamientos, emociones o traumas, el impacto termina alcanzando lo físico, lo emocional o lo mental. Allí Luciana volvió a intervenir desde el lugar del televidente común, poniendo voz a la duda de muchos y logrando que la charla no se perdiera en conceptos abstractos, sino que aterrizara en ejemplos cotidianos.
El cuerpo también está sostenido por energía, y cuando esa energía se altera por pensamientos, emociones o traumas, el impacto termina alcanzando lo físico, lo emocional o lo mental

Fue entonces cuando el entrevistado dejó una de las definiciones más humanas del encuentro: cuidar la energía debería ser casi tan importante —o incluso más— que otros hábitos de higiene diaria. No lo dijo desde el exceso ni desde el impacto fácil, sino como una forma de subrayar cuánto influye el modo en que pensamos, respiramos y habitamos nuestros días. En ese clima, Luciana enlazó el tema con escenas comunes, como esas conversaciones atravesadas por la negatividad o esos momentos en los que uno queda atrapado en lo que salió mal, y Rubén reforzó esa idea con una imagen clara: muchas veces nos quedamos prendidos de un 30 por ciento negativo y dejamos de ver el resto de las bendiciones cotidianas.
Muchas veces nos quedamos prendidos de un 30 por ciento negativo y dejamos de ver el resto de las bendiciones cotidianas

La entrevista creció justamente ahí, en ese ida y vuelta donde la conductora no se limitó a preguntar, sino que también acompañó el relato con reflexiones propias, acercando el tema al terreno de la experiencia real. Cuando habló de reconstruirse, de elegir dónde poner la mirada y de no acostumbrarse a estar mal, la charla tomó un tono íntimo y reparador. Rubén respondió desde esa misma sintonía: dijo que uno puede hacer cambios increíbles en sí mismo y en su entorno, y remarcó que la sanación pránica no es solo una técnica, sino también una forma de vida, atravesada por meditación, respiración, pensamientos y hábitos saludables.
La sanación pránica no es solo una técnica, sino también una forma de vida,

En otro tramo del envío, Luciana abrió paso a lo práctico y le pidió que contara cómo acercarse a este mundo. Allí Romero detalló que los cursos son certificados internacionalmente y que el próximo curso básico fue reprogramado para el 23 y 24 de mayo, con una propuesta intensiva de dos jornadas donde se aprende a sentir la energía, verla, trabajar autotratamientos y conocer herramientas para tratar distintos sistemas del cuerpo. La conductora volvió a aportar claridad al diálogo, guiando el relato para que la explicación no quedara solo en lo conceptual, sino también en la posibilidad concreta de participar.
Pero quizás el momento más cálido del encuentro llegó sobre el final, cuando Luciana le pidió a Rubén que dejara un regalo simple para la audiencia. Lejos de fórmulas complejas, la respuesta fue casi una postal misionera: acercarse a un árbol sano, pedir permiso, sentarse junto a él, respirar con conciencia y permitir que la naturaleza haga su trabajo silencioso. La escena, dicha al aire, tuvo algo de ritual sencillo y profundamente humano. En una provincia como Misiones, donde el verde y el agua forman parte del paisaje cotidiano, la propuesta sonó menos extraña y más cercana: volver a la tierra para drenar lo que pesa y recuperar algo de equilibrio.
Acercarse a un árbol sano, pedir permiso, sentarse junto a él, respirar con conciencia y permitir que la naturaleza haga su trabajo silencioso

El cierre de Espacio Wellness dejó justamente eso: una conversación amable, sin estridencias, pero con contenido. Luciana Amado Siry condujo una entrevista que supo combinar escucha, sensibilidad y preguntas concretas; Rubén Romero, por su parte, ofreció una mirada que invita a pensar el bienestar desde otro lugar. Y en tiempos donde el malestar parece naturalizarse demasiado rápido, el mensaje final quedó flotando con claridad: sentirse mal puede pasar, pero no debería convertirse en costumbre.




