En Misiones, la educación carcelaria avanza con proyectos de alfabetización, secundaria y actividades culturales, logrando que internos completen estudios y se preparen para la reinserción social.
En el bloque educativo de Cadena de Noticias (C6Digital), la Lic. en Educación María Laura Pezuk recibió a Walter Ricardo Sánchez, Alcaide Inspector Jefe de Educación y Cultura del Servicio Penitenciario Provincial, y a Aníbal Natanael Sánchez, Subalcaide Encargado de Culto. Ambos expusieron el trabajo que se realiza en las cárceles misioneras para garantizar el derecho a la educación y acompañar la reinserción social de las personas privadas de libertad.
La escuela dentro de la cárcel
Walter Sánchez explicó que la educación formal en contexto de encierro depende del Consejo General de Educación, pero funciona dentro de la estructura penitenciaria. “La escuela es escuela, con docentes, horarios y programas, pero dentro de otra institución con características propias. Nuestro desafío es garantizar el derecho a la educación en condiciones muy distintas a las de una escuela de barrio”, señaló.
Actualmente, de una población de 1.900 internos en Misiones, alrededor del 50% asiste a la escuela. El incentivo educativo aprobado en la provincia el año pasado generó mayor interés, aunque también provocó la necesidad de ampliar aulas y espacios.
Alfabetización y continuidad educativa
El trabajo incluye proyectos de alfabetización, nivel primario y secundario, además de talleres de lectura y la creación de una biblioteca abierta. “Hace una década teníamos un alto porcentaje de internos analfabetos. Hoy ese número se redujo al mínimo y ya contamos con egresados de primaria, secundaria e incluso internos en condiciones de cursar estudios superiores”, destacó Sánchez.
Educación, cultura y culto
La labor educativa se complementa con actividades culturales, deportivas y religiosas. Aníbal Sánchez subrayó la importancia del área de culto como parte del proceso de contención y acompañamiento espiritual. “Trabajamos en conjunto porque la educación, la cultura y el culto son pilares que ayudan a transformar la conducta y a preparar a los internos para su reinserción social”, explicó.
Un convenio institucional
El trabajo se sostiene en un convenio firmado entre el Ministerio de Gobierno y el Ministerio de Educación, que articula las acciones del Servicio Penitenciario con el Consejo General de Educación. Esto permite que la educación en contexto de encierro tenga validez formal y se integre al sistema educativo provincial.
Ambos invitados destacaron cómo la articulación entre educación, cultura y asistencia espiritual se convierte en una herramienta clave para la reinserción social de las personas privadas de libertad.
Un trabajo integral
Walter Sánchez subrayó que la educación formal en las cárceles depende del Consejo General de Educación, pero se complementa con actividades culturales y deportivas impulsadas por el Servicio Penitenciario.
“La escuela es escuela, con docentes y programas, pero dentro de otra institución con reglas propias. Nuestro desafío es garantizar el derecho a la educación en condiciones muy distintas a las de una escuela común”, explicó.
El rol del culto y la espiritualidad
Aníbal Sánchez destacó la importancia de la asistencia espiritual como complemento de la educación. “Trabajamos con organizaciones religiosas y programas como Alfalit, que utilizan literatura cristiana para enseñar a leer y escribir. Incluso los internos pueden convertirse en capacitadores de sus compañeros, generando líderes dentro del establecimiento”, señaló.
La espiritualidad, agregó, funciona como un espacio de contención emocional:
“Si una persona no está bien anímicamente, le cuesta ir a la escuela o trabajar. El acompañamiento espiritual mejora la conducta y la predisposición de los internos”.
Recepción positiva de los internos
Los internos suelen ser receptivos a las propuestas religiosas y culturales, muchas veces solicitando la presencia de pastores, capellanes o sacerdotes. “La aceptación es muy alta. Incluso hemos tenido visitas internacionales, como la de un pastor estadounidense, y los internos mismos organizan sus propios horarios de culto”, contó Sánchez.
Educación y afecto como motores de cambio
La experiencia muestra que los internos valoran profundamente los vínculos afectivos y espirituales. “En los pupitres de las aulas, la mayoría de las inscripciones eran alusiones a la madre. Ese apego emocional es central. La educación y el culto ayudan a canalizarlo hacia un proceso de transformación”, reflexionó Pezuk.
Educación carcelaria: entre la contención y el cambio de conducta
En el bloque educativo de Cadena de Noticias (C6Digital), se remarcó que la educación en contexto de encierro no solo busca instruir, sino también transformar conductas y ofrecer contención emocional y espiritual.
Las salidas extramuros para actividades deportivas son parte de la estrategia. “Para ellos, salir a la cancha y jugar un partido es un regalo. Pero solo acceden quienes se portan bien. Eso genera un incentivo y un cambio de actitud”, agregó.
Vocación y desgaste del personal penitenciario
Sánchez reconoció que el trabajo en contexto de encierro es duro y genera desgaste emocional.
“El encierro pega. Después de 20 años empecé a sentir el estrés. Es un trabajo difícil, pero uno aprende la vocación en el camino. Yo no quería ser penitenciario cuando entré, y hoy me siento más penitenciario que nunca”, confesó.
Educación en contexto de encierro: un puente hacia la reinserción social
Sostuvieron que la educación en contexto de encierro no solo busca instruir, sino también transformar conductas y ofrecer contención emocional y espiritual.
Mantener ocupados para evitar el “encierro mental”
Walter Sánchez explicó que uno de los objetivos centrales es reducir el “índice de ociosidad” dentro de las cárceles. “El interno que pasa demasiado tiempo encerrado, sin actividad, se desespera. Por eso buscamos mantenerlos ocupados con escuela, educación física, talleres y actividades culturales. Eso cambia la conducta y facilita la convivencia”, señaló.
Las salidas extramuros para actividades deportivas son parte de la estrategia.
“Para ellos, salir a la cancha y jugar un partido es un regalo. Pero solo acceden quienes se portan bien. Eso genera un incentivo y un cambio de actitud”, agregó.
El impacto en la conducta y la reinserción
Los funcionarios coincidieron en que la educación y las actividades recreativas producen un cambio visible en los internos. “No salen igual que entraron. La conducta mejora, la predisposición cambia. Después, lo que hagan afuera ya depende de decisiones personales, pero el trabajo dentro es sostenido y da resultados”, afirmaron.
El rol de las familias
Finalmente, los entrevistados subrayaron la importancia del acompañamiento familiar. Muchas veces los internos no pueden acceder a la escuela por falta de documentación, que debe ser provista por sus familias. “Queremos pedirles a las familias que colaboren, que acerquen los papeles, porque eso abre la puerta a que sus hijos, hermanos o padres puedan estudiar y aprovechar esta oportunidad de cambio”, concluyeron.




