(CERRO ROMERO Y CORPUS). En medio de la crisis social que golpea con fuerza a los barrios habitados por familias de trabajadores, algunas experiencias en Misiones vuelven a poner en primer plano la solidaridad de nuestro pueblo, con una idea simple y poderosa: lo que se produce en la chacra no es sólo mercancía; también es alimento.

Así lo demuestran los productores de Cerro Romero, Santo Pipó, Otto Kuhn, y Esteban González, de Corpus, quienes organizados en el espacio Tierra, Techo y Trabajo, donan parte de su cosecha: productos frescos como cebollas, batatas, lechugas y zapallos, entre otros para comedores populares y comunitarios, con el objetivo de reforzar la alimentación de muchas familias que atraviesan una situación económica y alimentaria cada vez más crítica.

Otto Kuhn
Y no se trata de «sobrantes», ni de gestos aislados, sino de una decisión consciente. Otto y Esteban continúan vendiendo su producción -porque de eso viven-, pero también entienden que en momentos de tanta necesidad, parte de lo que producen puede transformarse en ayuda directa para quienes más lo requieren, y ahí la solidaridad no aparece como un relato, sino como un hecho: verduras de estación que para muchas veces son inaccesibles para las familias más golpeadas por la caída del consumo.

Esteban González
«Es una alegría que en tiempos donde crece la pobreza que genera una urgencia cotidiana, esta experiencia ponga en evidencia una verdad que suele quedar fuera de las discusiones económicas: la producción de alimentos tiene valor de mercado, pero también tiene valor social», expresó el dirigente Martín Sereno, quien acompaña estas articulaciones territoriales con el apoyo del Instituto de Macroeconomía Circular, y junto con Carla Pipke, militante de TTT, colaboraron con la organización y la logística para que los alimentos lleguen a los comedores populares de Posadas.

Martín Sereno
Agregó que a partir de esa primera entrega, otros productores y productoras de la agricultura familiar campesina que se enteraron de la iniciativa, se comunicaron para sumarse con el mismo objetivo. «Es decir que la solidaridad se contagia», resumió Sereno.

En ese marco, destacó el sentido profundo de esta tarea colectiva: «Estos compañeros comercializan su producción, pero también son concientes de que lo que se produce no es sólo un número, es alimento, y cuando en las ciudades no es frecuente, en los barrios de trabajadores y trabajadoras, compartir una parte no es una pérdida, es una respuesta en comunidad, pensando en el bien común», reiteró.

Total contraste con la postura de Nación
Mientras estas redes solidarias se sostienen «desde abajo», a nivel nacional continúa la polémica por el reparto de alimentos a comedores populares.

En los últimos años, la Justicia ordenó e intimó en varias oportunidades al Ministerio de Capital Humano, conducido por Sandra Pettovello, a avanzar con la distribución de alimentos almacenados y a incluir comedores en el esquema de entrega, pero aún no cumple.

La tensión se profundiza porque para miles de familias, los comedores populares que proveen alimentos en los barrios, no son una consigna sino el plato de cada día. En ese marco, la decisión de productores misioneros de compartir parte de su cosecha, adquiere el peso doble de aliviar la urgencia, y al mismo tiempo muestra que la salida no es individual, sino comunitaria.

Los productores Otto y Esteban representan a una Misiones productiva que no se encierra en el «sálvese quien pueda». Así como donan, también sostienen el mensaje profundo de que producir alimentos implica responsabilidad social, y en una crisis como la que sufre el país, la comida no puede quedar en un depósito ni perderse en discusiones administrativas.

«Está claro que en las chacras cuando se organizan con la comunidad, no sólo piensan en producir para vender, sino también para alimentar, como en este caso a quienes más lo necesitan», remarcó el dirigente territorial. (Prensa TTT)




