La intervención de Susana Cuadra, productora yerbatera de Colonia Itatí, no fue un discurso más. Fue un golpe directo al corazón de una discusión que muchas veces se pierde entre números, expedientes, instituciones y promesas. Con voz de chacra, habló desde el lugar que menos suele ser escuchado: el del pequeño productor que trabaja todos los días, pero aun así no llega a cubrir las necesidades básicas de su familia.
Cuadra se presentó como pequeña productora y dejó claro que, mientras otros hablaban de cifras y organismos, nadie había preguntado realmente qué está pasando en la vida cotidiana de quienes sostienen la yerba desde la tierra. “Nosotros hace tres años estamos pasando mal”, lanzó, y enseguida llevó el reclamo al terreno más sensible: sus hijas estudian en la universidad y, muchas veces, ella no puede darles ni 20 mil pesos para fotocopias.
La escena resume una crisis que no entra en los balances. Una madre que trabajó toda su vida en la producción yerbatera y que hoy debe decirles a sus hijas que esperen, que verá de dónde sale la plata. No por falta de esfuerzo, remarcó, sino porque el trabajo de la chacra dejó de garantizar dignidad.
No porque yo soy una vaga, yo soy una productora, yo trabajo todos los días”, expresó, marcando la diferencia entre hablar del trabajo y conocerlo en carne propia.
La productora también cuestionó la representación del sector y apuntó contra quienes hablan en nombre de los productores sin haber pisado verdaderamente la realidad de la chacra. Reclamó que hay 13 mil productores, pero detrás de cada uno también hay mujeres, hijos y familias enteras que nadie cuenta cuando se discuten decisiones que impactan directamente en sus vidas.
El tramo más fuerte llegó cuando Cuadra habló de la desregulación y de la distancia entre la dirigencia y el territorio. Allí señaló al diputado Diego Hartfield y cuestionó si quienes definen o intervienen en el debate yerbatero conocen realmente la tierra colorada. Dijo que las decisiones llegaron “sin preguntarnos” y “sin caminar en la Tierra Roja”. Fue entonces cuando dejó la frase que condensó todo el malestar: “¿Será que él camina en el Rosado?”. Más allá del cruce lingüístico, la expresión quedó como una postal política y social: quienes deciden sobre la yerba muchas veces no conocen ni el color de la tierra que pisan los productores.
La intervención de Susana Cuadra expuso algo más profundo que una queja sectorial. Fue la voz de una productora que no pidió privilegios, sino ser escuchada. Que recordó que detrás de cada kilo de hoja verde hay manos marcadas, familias endeudadas, hijos que estudian y mujeres invisibilizadas. Y que, antes de hablar de soluciones para la yerba, primero hay que conocer la tierra donde nace.




