Misiones vuelve a quedar frente a una estadística dolorosa, incómoda y urgente. A pocos días de una nueva marcha bajo la consigna Ni Una Menos, la provincia suma otro femicidio: Patricia Raquel González, de 54 años, empleada municipal de Posadas, fue asesinada a golpes y puñaladas en su vivienda del barrio Hipólito Yrigoyen.
El crimen ocurrió durante la siesta del jueves. Según los primeros datos relevados por la Policía, el acusado fue su concubino, Luis Roberto Sanpedri, de 64 años, empleado de seguridad privada, quien luego del ataque se quitó la vida colgándose en el fondo del terreno. La escena fue descubierta por los propios hijos de la víctima: una de sus hijas encontró a Patricia sin vida en una habitación y, más tarde, otro de los hijos halló al agresor en el patio de la vivienda.
El caso conmueve no solo por la brutalidad, sino por lo que revela: había antecedentes de violencia. Sanpedri ya había cumplido en 2025 una orden de restricción por violencia de género sobre la misma mujer. Esa medida, según se indicó, habría durado apenas 30 días. Después, el vínculo se retomó. Y allí aparece una de las preguntas más duras: ¿qué pasó entre la denuncia, la restricción y el regreso al mismo círculo de peligro?
Patricia, de acuerdo con voces cercanas, intentaba terminar la relación. La pareja llevaba cerca de 27 años junta, pero en los últimos días las discusiones habrían aumentado. Ella quería romper el vínculo. Él se oponía. La violencia, que muchas veces se esconde puertas adentro bajo una apariencia de “pareja tranquila”, terminó mostrando su rostro más extremo.
Al llegar al lugar, efectivos de la Comisaría Tercera, el Comando Radioeléctrico, peritos de la Policía Científica, el juez Ricardo Walter Valor y el fiscal René Germán Casals iniciaron las actuaciones correspondientes. Los cuerpos fueron trasladados a la morgue judicial para las autopsias del Cuerpo Médico Forense del Superior Tribunal de Justicia.
Este crimen se convierte, según el relevamiento mencionado por sectores vinculados a las movilizaciones contra la violencia de género, en el cuarto femicidio en Misiones en menos de seis meses. Y ocurre apenas días después de otro hecho grave en Eldorado, lo que vuelve a poner en discusión la eficacia de los mecanismos de protección, el seguimiento de las denuncias y el acompañamiento real a las mujeres que intentan salir de vínculos violentos.
La muerte de Patricia no puede quedar reducida a una cifra. Detrás de cada número hay una historia, una familia destruida y señales previas que no alcanzaron para evitar el final. En Misiones, otra vez, el grito de Ni Una Menos no llega como consigna: llega como advertencia.




