La quinta jornada del papa León XIV en España, segunda en Barcelona, tuvo una fuerte carga simbólica y social. La agenda arrancó en la prisión de Brians 1, donde el pontífice se reunió con 80 internos. Desde allí viajó al monasterio de Montserrat, donde rezó el rosario junto a la comunidad benedictina y entonó el Virolai ante más de 8.000 fieles. Por la tarde, en la iglesia de Sant Agustí del Raval se encontró con unas 400 personas vinculadas a entidades de asistencia social. La jornada culminó con una misa solemne en la Sagrada Familia, seguida de la bendición de la Torre de Jesucristo.
Hoy, el pontífice abandona Barcelona para trasladarse a las Islas Canarias en la que será la primera visita papal al archipiélago. Tras su llegada a la base aérea de Gando, en Gran Canaria, León XIV se desplazará al muelle de Arguineguín para un encuentro con migrantes y organizaciones de acogida, en un gesto que sitúa la crisis migratoria en el centro de su agenda. Más tarde visitará la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas, donde se reunirá con obispos, sacerdotes y agentes de pastoral. La jornada cerrará con una misa multitudinaria en el Estadio de Gran Canaria.
León XIV ha defendido “la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados” en el mar durante su discurso en el muelle de Arguineguín de Las Palmas de Gran Canaria, donde ha llegado para poner el foco sobre el drama de la migración. El papa, el primero que visita estas islas, ha arribado desde Barcelona a Gran Canaria “donde llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad” y ha dejado claro que la Iglesia no debe callar ante ese drama.
Desde Arguineguín, que en 2020 fue llamado el “puerto de la vergüenza” después de que se hacinaran en ese lugar más de 2.300 migrantes durante días, el papa ha preguntado “si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”.
Ha llamado con esto a hacer un “examen de conciencia” ante el drama migratorio, para que el Mediterráneo y el Atlántico dejen de ser “cementerios sin lápidas”. La dignidad humana “no tiene pasaporte”, ha dicho. (Infobae.com)




