(En Instagram: @lucasjunes) Camina entre nosotros, pero no es como cualquiera de nosotros. Imagina las calurosas noches de Posadas a principios de los 2000, donde un joven de mente brillante y sangre fría comenzaba a tejer su propia leyenda oscura. Se llama Bertoldo Roberto Neumann, pero todos lo conocían como «Polaco». Inteligente, calculador y con un don natural para planificar.
No provenía de la miseria, sino de una familia normal de clase media. Sin embargo, algo en él se torció. Las armas del mercado negro lo fascinaban y el robo era solo el primer escalón hacia algo mucho más siniestro.

Todo empezó a desatarse una noche de finales de febrero del año 2003. Junto a su compañero Kevin Escalada, Polaco planeó un aparentemente sencillo en una dependencia del Instituto de Previsión Social, sobre la calle Córdoba. El sereno de turno, Alfonso Loreto Pintos Cardozo, un hombre de 27 años conocido como Pablito, se interpuso en su camino.
No hubo piedad. Tres disparos a quemarropa con una pistola calibre 11.25, provista de silenciador, acabaron con su vida. Dos en el pecho y uno de gracia en la cabeza.
Las computadoras robadas terminaron en el hotel (sobre la avenida Roque Sáenz Peña) donde vivía Neumann, y el primer asesinato quedó sepultado en el silencio de la noche. Pero Polaco no se detuvo ahí. Cuatro meses después, en la noche del 19 de junio de 2003, su oscuridad alcanzó un nivel inimaginable.
Por entonces mantenía una relación apasionada y tóxica con la escribana Adriana García, quien estaba en plena separación de su marido, el abogado Guillermo José Valdés, un profesional respetado, apoderado de importantes entidades financieras y padre de tres hijos. Esa tarde, Adriana citó a su ex a la escribanía de la calle La Rioja con la excusa de hablar sobre bienes gananciales y la cuota alimentaria. Era una trampa mortal.

Mientras las secretarias se retiraban alrededor de las 20 horas, Polaco y su amigo Jorge Alberto «Mosquito» Ramírez esperaban ocultos en el interior, acechando como depredadores. Cuando Valdés entró, confiado, todo se desató con una ferocidad brutal. Primero las puñaladas, luego los cinco disparos mudos de la misma pistola.

El abogado, un hombre corpulento de más de 100 kilos, cayó en la sala de reuniones. Pero los asesinos no se conformaron con matarlo. Arrastraron su cuerpo hasta el baño, lo sentaron sobre el inodoro y, durante casi una hora, con una hazaña que la haría la sangre a cualquiera, le arrancaron el rostro entero con un bisturí y un cuchillo tipo tramontina.
La piel y el cuero cabelludo fueron arrojados al sistema cloacal. Después cargaron el cadáver en la propia camioneta Nissan de Valdés, lavaron el vehículo y lo abandonaron en un descampado sobre la avenida Cabo de Hornos. Al día siguiente, el hallazgo conmocionó a toda la ciudad.
La investigación avanzó rápido. Dos días después del crimen, detuvieron a Polaco en su casa. En su auto encontraron el arma que lo vinculaba no solo a la muerte de Valdés, sino también al asesinato del sereno del IPS.

Adriana García y Mosquito Ramírez cayeron poco tiempo después. Los tres fueron juzgados y condenados a prisión perpetua por homicidio calificado con alevosía, ensañamiento y premeditación. Tras las rejas, Polaco se transformó en otro hombre.

Preso modelo en la unidad penal de Oberá, estudió mecánica dental y abogacía a distancia, asesoraba legalmente a otros internos y mantenía una conducta ejemplar, salvo un incidente en 2016 donde golpeó a otro recluso en una supuesta riña y en defensa propia. Mientras sus cómplices recuperaban la libertad condicional años antes, él esperaba. Desde enero de 2025 comenzó a gozar de salidas transitorias con tobillera electrónica.
Y finalmente, el 6 de julio de este 2026, después de 23 años tras las rejas, Bertoldo «Polaco» Neumann recuperó su libertad condicional. Hoy, con 46 años, debe residir en un domicilio fijo, abstenerse de alcohol y drogas, trabajar o estudiar y permanecer bajo el control del patronato de liberados durante cinco años. Muchos se preguntan si el estratega del crimen realmente cambió o si solo esperó pacientemente su momento.

Una historia de inteligencia perversa, saña brutal y un sistema que, por las fechas de los hechos, le otorgó una segunda oportunidad. Polaco está de vuelta en las calles de misiones ¿Qué vendrá ahora? (Lucas Junes en Instagram)




