El Senado pidió un cuarto intermedio para continuar con el tratamiento de la modificación de la Ley de Tierras. No es un dato menor. Cuando un proyecto genera tanta resistencia que ni siquiera sus impulsores se animan a votarlo de una vez, es porque algo no termina de cerrar.
Vamos a lo concreto. La reforma que se discute en el Congreso no habla de tierras. Habla de otra cosa. Se presenta como una «Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada», un nombre elegante para una operación bastante menos elegante: derogar el artículo que pone límites a la extranjerización de la tierra argentina. Nada más y nada menos.
¿Hacía falta una ley nueva para proteger la propiedad privada? No. La Constitución Nacional ya la protege. El Código Civil y Comercial también. Entonces, ¿para qué una ley que promete proteger algo que ya está protegido? La respuesta surge por sí sola: el envoltorio dice una cosa, pero el contenido dice otra. Eso, en criollo, se llama maquillaje legislativo.
Desde el Frente Grande Misiones lo venimos diciendo con todas las letras: la tierra no es una mercancía como cualquier otra. Es el sustento de miles de familias productoras, el sostén de las economías regionales y la base de la seguridad alimentaria. Someterla exclusivamente a las reglas del mercado no es modernización. Es entrega.
Y acá conviene mirar el mapa. Porque esta discusión, que en los despachos porteños puede sonar abstracta, en Misiones es una realidad concreta. Somos una provincia de frontera. Tenemos una riqueza forestal, hídrica y ambiental que pocas regiones del país poseen. Legislar sobre la tierra sin contemplar estas particularidades no es un error técnico: es desconocer la realidad de nuestra provincia.
La pregunta de fondo es simple: ¿quién controla el territorio? Porque cuando el Estado resigna herramientas de regulación y control, no gana el mercado libre. Gana quien tiene mayor capacidad económica para comprar. Y ese comprador, muchas veces, no vive acá, no produce acá y no le rinde cuentas a nadie de acá.
Por eso, desde el Frente Grande Misiones y también desde la conducción nacional del Frente Grande fuimos claros: convocamos a los legisladores nacionales a asumir esta discusión con responsabilidad histórica y a rechazar cualquier modificación que favorezca la concentración de la propiedad, la especulación inmobiliaria o la pérdida de control sobre nuestros recursos estratégicos. No es una consigna de ocasión; es una advertencia sobre lo que verdaderamente está en juego.
El cuarto intermedio no puede convertirse en un simple trámite para volver la semana próxima con el mismo proyecto maquillado. Debe servir para escuchar a los pequeños y medianos productores, a las universidades, a las organizaciones sociales y a las provincias que serán las primeras en sentir las consecuencias de lo que se vote en Buenos Aires. Las provincias no pueden ser convidadas de piedra en una decisión que las atraviesa de punta a punta.
La Argentina necesita inversión, trabajo y valor agregado. Nadie discute eso. Lo que no podemos aceptar es que la única receta para atraer inversiones sea resignar el rol del Estado y entregar el control sobre la tierra. Eso no es desarrollo; es hipotecar el futuro con el argumento de que no existe otra alternativa.
La soberanía no se declama en un discurso ni se garantiza con un nombre atractivo para una ley. La soberanía se defiende con decisiones concretas, en el momento en que hay que tomarlas. Y este es uno de esos momentos.
*Sonia Mello
Presidenta del Frente Grande Misiones
Vicepresidenta del Frente Grande Nacional




