El fuerte salto de la inflación mayorista encendió una nueva señal de alerta en la economía argentina. En abril, el índice registró una suba del 5,2%, duplicando el dato del IPC minorista, que fue del 2,6%, y despertando preocupación entre economistas y consultoras por el posible traslado a las góndolas en los próximos meses.
El aumento estuvo impulsado principalmente por la escalada en los combustibles y el impacto internacional del precio del petróleo, en medio de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Según distintos análisis, este fenómeno podría interrumpir el proceso de desaceleración inflacionaria que el Gobierno venía mostrando como uno de sus principales logros económicos.
El dato genera inquietud porque los precios mayoristas suelen anticipar movimientos en la inflación minorista. Cuando las empresas enfrentan mayores costos de producción o logística, muchas veces terminan trasladando esos aumentos al consumidor final. Por eso, analistas advierten que el incremento podría sentirse especialmente en rubros como alimentos, transporte, indumentaria y productos de consumo masivo.
En paralelo, consultoras privadas ya detectaron una aceleración en alimentos y bebidas durante mayo. Algunos relevamientos marcaron subas semanales cercanas al 1%, con aumentos destacados en verduras, carnes y otros productos básicos. Aunque el Gobierno apuesta a mantener cierta estabilidad cambiaria y contener el impacto mediante acuerdos y congelamientos parciales, el mercado mira con cautela los próximos meses.
Otro de los factores que preocupa es que la inflación núcleo —la que excluye precios regulados y estacionales— sigue mostrando resistencia. A eso se suma el ajuste en tarifas, transporte y servicios, que continúan presionando sobre el bolsillo de los argentinos.
En este escenario, especialistas sostienen que el desafío del Gobierno será evitar que el shock de costos se transforme en una nueva espiral inflacionaria. Si bien algunas consultoras mantienen proyecciones de desaceleración para el segundo semestre, reconocen que el margen es cada vez más estrecho y que cualquier movimiento en el dólar o en los combustibles podría volver a recalentar los precios.




