(C6Digital / Por Jorge Kurrle) Mientras parte del sector forestal intenta sostener hacia afuera un discurso de espera, puertas adentro el diagnóstico es mucho más duro: la actividad no solo no se reactivó en marzo, como esperaban varias empresas, sino que abril terminó de confirmar un escenario de caída profunda, con mercado externo paralizado, costos altos y un tipo de cambio que deja a muchos negocios directamente fuera de competencia.
La advertencia surge de una fuente especializada en temas forestales consultada por C6Digital, que marcó una diferencia clave respecto de las lecturas más moderadas: el problema ya no alcanza únicamente a los eslabones más débiles de la cadena, sino también a empresas medianas que hasta hace pocos meses todavía se mantenían relativamente firmes.
“La cosa está muy fea, muy muy fea”, resumió el especialista.
El dato más filoso es que esa preocupación ya golpea a firmas que hasta comienzos de año conservaban cierto optimismo. Según la fuente, empresas del segmento medio aguardaban una reacción del mercado para marzo, pero “pasó marzo, pasó abril” y la reactivación no apareció. En paralelo, el mercado externo sigue en caída fuerte y el valor del dólar, en torno a los $1.400, complica la posibilidad de cerrar operaciones rentables.
El diagnóstico también deja al descubierto una tensión política y empresarial: muchos actores del sector, con conducciones familiares o empresarias cercanas al oficialismo nacional, evitan salir públicamente a marcar la cancha. No quieren ponerle voz propia a la crisis, aunque la padezcan en sus balances, en sus plantas y en sus decisiones de producción.
Muchos actores del sector, con conducciones familiares o empresarias cercanas al oficialismo nacional, evitan salir públicamente a marcar la cancha
Allí aparece una de las frases más duras de la fuente consultada: hay empresarios que, aun reconociendo el deterioro, prefieren que otros hablen por ellos. Esa actitud, según el análisis, termina debilitando el reclamo sectorial y dejando a las cámaras empresarias en un rol incómodo, obligadas a expresar un malestar que muchos protagonistas directos todavía no se animan a poner en primera persona.
El cuadro es delicado porque el sector forestal no solo mueve aserraderos: arrastra empleo, logística, transporte, servicios, productores, contratistas y una red de economías locales que dependen de la madera como motor productivo. Cuando se frena la venta, se achican los turnos, se posterga inversión y se enfría toda la cadena.
Cuando se frena la venta, se achican los turnos, se posterga inversión y se enfría toda la cadena.
En ese contexto, la lectura de la fuente es contundente: si las condiciones actuales persisten, la situación puede agravarse todavía más. Y el silencio, lejos de ordenar el escenario, puede convertirse en parte del problema. Porque cuando una crisis productiva se tapa por conveniencia política, el costo suele aparecer después, con menos empleo, menos movimiento y menos empresas en pie
Cuando una crisis productiva se tapa por conveniencia política, el costo suele aparecer después, con menos empleo, menos movimiento y menos empresas en pie




