Por las plataformas de C6Digital
En una nueva entrega de Espacio Wellness, la conductora Luciana Amado Siry abrió un tema tan sensible como necesario: el paso del tiempo, la memoria, los cambios cognitivos y la importancia de consultar a tiempo. Para abordarlo, recibió a la licenciada en psicopedagogía Fernanda Paniagua, quien explicó con claridad qué es una evaluación neurocognitiva, cuáles son las señales de alarma y por qué la prevención puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.
“¿Qué es esto de la evaluación neurocognitiva? ¿De qué se trata?”, preguntó Luciana, metiéndose de lleno en una inquietud que atraviesa a muchas familias cuando empiezan a notar ciertos olvidos o cambios en adultos mayores, y a veces también en ellos mismos.
Fernanda Paniagua lo explicó de manera sencilla: “La evaluación neurocognitiva es un procedimiento que hacemos en el consultorio para evaluar el desempeño cognitivo de una persona a través de pruebas y diferentes test”. A partir de allí, señaló que se analizan áreas como la memoria, la atención, el lenguaje y el funcionamiento ejecutivo, entre otras, para determinar si los cambios observados son propios de la edad o si existe algún cuadro que requiera un abordaje más específico.

Uno de los puntos más importantes que dejó la entrevista fue que no todo olvido significa enfermedad. Sin embargo, la especialista advirtió que hay situaciones que sí deben encender una luz de alerta. Fue entonces cuando Luciana llevó la conversación a una pregunta muy concreta y cercana: “¿Cuáles serían esos síntomas de alarma para decir: mi papá, mi abuelo, mi tío, o incluso yo, necesito hacer este tipo de evaluación?”
La respuesta fue directa. Paniagua explicó que uno de los indicadores más frecuentes aparece cuando la persona no logra almacenar información nueva, aunque conserve con nitidez recuerdos de hace muchos años. Y lo resumió en una definición muy clara: “Que recuerde muy bien lo de antes no es parámetro”. Para explicarlo, recurrió a una imagen simple pero efectiva: la memoria como un cajón. Lo viejo quedó guardado cuando ese “cajoncito” funcionaba bien; el problema aparece cuando ya no puede incorporar lo nuevo.
La entrevista también dejó una mirada tranquilizadora: no todo diagnóstico implica desesperanza. Luciana lo planteó con una pregunta que seguramente representa a muchas familias: “A pesar de determinados síntomas, ¿esto se entrena?, ¿hay un tratamiento?”. Allí, Fernanda diferenció entre un trastorno neurocognitivo leve y uno mayor.
En ese marco, destacó una definición central: “En los cuadros leves, mediante tratamientos y actividades que entrenen el rendimiento cognitivo, el paciente puede recuperar su habilidad”. Y aunque en los trastornos mayores el deterioro no puede revertirse, aclaró que sí se puede trabajar para enlentecer su avance:
Lo que logramos es intentar hacer que ese proceso sea más lento”.
Otro tramo muy rico de la charla apareció cuando Luciana puso sobre la mesa algo que suele leerse o escucharse con frecuencia: pintar, hacer cerámica, resolver crucigramas, aprender algo nuevo. “¿Todo esto también entrena el cerebro?”, quiso saber la conductora. La respuesta fue contundente: sí.
Fernanda remarcó que existen factores protectores del cerebro y que entre ellos aparecen con fuerza la actividad física, la vida social y el aprendizaje constante. “Lo que más estimula al cerebro es aprender algo nuevo”, subrayó. Aprender un idioma, tocar un instrumento, sostener hábitos de lectura o actividades que exijan atención y esfuerzo mental no son simples pasatiempos: son herramientas valiosas para mantener activa la mente.
En esa misma línea, también se puso el foco en un problema frecuente: el aislamiento. Luciana aportó una observación muy humana al mencionar lo que sucede cuando una persona deja de trabajar y su círculo se achica. La especialista coincidió en que allí puede empezar un retroceso silencioso si no se reemplazan los estímulos cotidianos por otros espacios de vínculo y actividad. Reunirse con amigos, jugar a las cartas, salir, conversar, participar: todo suma.
La dimensión emocional también ocupó un lugar importante en la entrevista. Luciana señaló que muchas veces ve cómo algunos adultos mayores, frente a la tristeza o a situaciones emocionales difíciles, parecen deteriorarse más rápido. Fernanda confirmó esa percepción y dejó otra definición relevante: “Hay muchos casos de deterioros cognitivos que se dan a partir de cuestiones más anímicas o emocionales”. Incluso explicó que una depresión prolongada y mal tratada puede predisponer al deterioro, mientras que en otros casos el propio trastorno neurocognitivo trae como síntomas apatía, llanto, ansiedad o falta de ganas.
Sobre el final, la especialista agregó una observación clave que va más allá de la memoria y que muchas veces resulta decisiva: la pérdida de funcionalidad. “Lo más importante es ver la funcionalidad del paciente”, sostuvo. Y enumeró señales concretas de alarma: olvidar la medicación, dejar el fuego encendido, perderse en la calle, no poder hacer compras o tener dificultades con el teléfono. Es decir, no se trata solo de cuánto recuerda una persona, sino de cómo logra desenvolverse en su vida cotidiana.
Con calidez y sensibilidad, Espacio Wellness volvió a poner en el centro un tema que atraviesa a miles de familias: la necesidad de observar, consultar y actuar a tiempo. La charla entre Luciana Amado Siry y Fernanda Paniagua dejó una conclusión tan simple como valiosa: envejecer no debería ser sinónimo de resignarse, sino de buscar herramientas para llegar a cada etapa con la mejor calidad de vida posible.




