–
La interna del Partido Justicialista en Misiones no terminó con el cierre de las mesas. Apenas concluyó la jornada, comenzó otra disputa: la de los números, las proclamaciones y la resistencia a aceptar el resultado. El dato político más fuerte de la noche fue ese: mientras Christian Humada y su espacio ya festejaban una ventaja a favor con cómputos propios, Lalo Costa Arguibel salió a sostener que ganó por mil votos y rechazó de plano cualquier lectura de derrota.
Así, el peronismo misionero volvió a mostrar una escena conocida: dos sectores adjudicándose la victoria y un partido que, lejos de encontrar orden, quedó otra vez atravesado por versiones contrapuestas sobre un mismo proceso. Costa Arguibel decidió pararse en una posición de desconocimiento del resultado adverso y buscó instalar que la diferencia real lo favorece. En esa línea, no solo evitó aceptar la derrota, sino que además intentó sostener la centralidad política de su espacio en medio de un cierre claramente conflictivo.
Del otro lado, Christian Humada y su sector jugaron rápido. Con cómputos propios en mano, anoche ya celebraban una diferencia a favor y daban por consolidado un triunfo interno. La escena del festejo buscó enviar un mensaje doble: hacia adentro del PJ, para mostrar fortaleza; y hacia afuera, para instalar que la interna ya tiene ganador político más allá de las impugnaciones o resistencias discursivas que puedan venir después.
En paralelo, la intervención del PJ Misiones emitió un comunicado en el que trazó una línea institucional bien distinta al clima de confrontación entre los sectores. Según ese texto, la jornada fue “ejemplar”, con una participación cercana al 13 por ciento del padrón, es decir, alrededor de 7 mil concurrentes. El mensaje partidario intentó poner el foco en el normal desarrollo del proceso, aun cuando el cierre estuvo atravesado por una fuerte disputa sobre quién se impuso realmente.
Según ese texto, la jornada fue “ejemplar”, con una participación cercana al 13 por ciento del padrón, es decir, alrededor de 7 mil concurrentes.
Ese contraste expone con claridad la tensión de fondo. Por un lado, una estructura partidaria que busca mostrar institucionalidad y resguardar la legitimidad de la elección. Por otro, dirigentes que se mueven en clave de disputa total, sin margen para reconocer rápidamente una derrota ni para concederle al adversario la foto del triunfo sin discusión.
La interna justicialista dejó, además, otra señal delicada: la baja participación. Ese 13 por ciento, unos 7 mil votantes, puede leerse como un dato formalmente válido, pero políticamente modesto para una fuerza que intenta reordenarse y reconstruir volumen en la provincia. Es decir, aun si la jornada fue prolija en términos organizativos, el nivel de concurrencia también abre interrogantes sobre la capacidad real de movilización y de convocatoria del peronismo misionero en esta etapa.
En definitiva, la elección dejó tres verdades en simultáneo: Humada festejó porque sus números lo muestran arriba; Costa Arguibel se niega a aceptar la derrota y dice que ganó por mil votos; y el PJ, desde su comunicado, eligió defender la jornada y subrayar que el proceso se desarrolló con normalidad. Entre el festejo, la impugnación política y la institucionalidad partidaria, la interna del PJ misionero quedó atrapada en una pelea donde todavía nadie quiere ceder la última palabra.




