El consumo en Argentina volvió a retroceder y encendió nuevas alarmas en el sector comercial. En junio, registró una caída del 2,2% interanual, marcando así su sexta baja consecutiva, en un escenario donde la recuperación económica todavía no aparece con claridad.
El dato confirma una tendencia que preocupa a supermercados, mayoristas y pequeños comercios: aunque la inflación muestra señales de desaceleración, las ventas no reaccionan. La demanda interna sigue débil y el movimiento en góndolas continúa por debajo de los niveles del año pasado.
Según el informe, el problema de fondo no pasa solo por los precios, sino por el impacto acumulado en los ingresos de los hogares. La pérdida del poder adquisitivo, sumada al aumento de gastos fijos como tarifas y servicios, reduce el margen disponible para el consumo cotidiano.
En ese contexto, las familias priorizan cada vez más los productos esenciales y recortan compras consideradas no urgentes. Este cambio de hábitos de consumo restringido ya no se interpreta como algo coyuntural, sino como una conducta que se sostiene en el tiempo.
El sector empresario observa con preocupación este escenario, ya que la falta de recuperación en la demanda complica la planificación de producción y ventas. Con seis meses consecutivos en baja, el consumo se consolida como uno de los principales indicadores de tensión económica en los hogares.




