En una noche de cierre de serie, la Iglesia de Dios de Posadas, Misiones, compartió un mensaje profundo, cercano y atravesado por una pregunta que quedó resonando en la congregación: “¿Por qué corremos?”
La prédica estuvo a cargo del pastor Antonio Padrós y formó parte del cierre de la serie “Persiguiendo la zanahoria”, una propuesta que durante varias semanas invitó a reflexionar sobre aquello que gobierna la vida, el peligro de vivir detrás del “más” y el riesgo de ganar el mundo, pero perder lo verdaderamente importante.
Con un tono pastoral, pero también muy cotidiano, Padrós planteó que muchas veces las personas corren detrás de lo que el mundo ofrece: reconocimiento, dinero, éxito, aprobación o seguridad. Sin embargo, advirtió que esa carrera puede volverse agotadora cuando se pierde de vista lo esencial.
“Hay veces que estamos tan distraídos buscando las sobras que el mundo da, que nos olvidamos de lo que verdaderamente es importante para nuestra vida”, expresó durante el mensaje.

El eje bíblico de la predicación estuvo en la historia de Eliseo y su criado, cuando el joven se despierta y ve la ciudad rodeada por un ejército enemigo. Desesperado, pregunta qué harán frente a semejante amenaza. Pero Eliseo, lejos de entrar en pánico, ora para que Dios abra los ojos del muchacho y pueda ver que alrededor de ellos había carros y caballos de fuego.
Desde esa escena, Padrós marcó una diferencia clave: ambos estaban bajo el mismo problema, en la misma casa y frente al mismo ejército, pero no veían lo mismo. Uno estaba dominado por el miedo; el otro, sostenido por la fe.
“El problema no siempre es el tamaño del caos. El problema es cuando creemos que Dios dejó de estar presente en medio de él”, remarcó.
En esa línea, explicó que muchas veces la dificultad no está solamente en la circunstancia, sino en la perspectiva. Se puede estar cerca de Dios, asistir a la iglesia, cantar y adorar, pero aun así levantarse cada mañana mirando primero los problemas: las deudas, el diagnóstico, los conflictos familiares, la presión o el miedo.
Con una frase fuerte, sintetizó:
“Este criado no sufre por lo que ve; sufre por lo que no ve”.

El mensaje también tuvo momentos de humor y cercanía, como cuando relató que durante la madrugada se le rompió el termotanque y encontró su casa inundada. A partir de esa experiencia cotidiana, conectó con esa sensación de ansiedad que aparece cuando algo se desordena de golpe y uno no sabe qué hacer.
Pero el planteo de fondo fue más profundo: Dios no siempre quita inmediatamente el problema, sino que muchas veces busca cambiar la mirada dentro del problema.
“Dios no quiere simplemente sacarnos el problema. Dios quiere abrirnos los ojos para que veamos que en medio del problema hay un Dios que pelea por nosotros”, afirmó Padrós.
También contrastó lo superficial con lo eterno. Dijo que muchas personas viven agotadas tratando de alcanzar cosas huecas, pasajeras, mientras Dios invita a mirar lo sólido, lo verdadero y lo permanente. Para eso citó a Pablo, cuando habla de las aflicciones leves y momentáneas frente al eterno peso de gloria.
No se trata, aclaró, de negar el dolor ni de fingir que no existen las dificultades. Se trata de comprender que Cristo está por encima de las aflicciones, los problemas y las circunstancias.
“Tu valle no es el destino; es solamente el camino hacia el lugar donde Dios quiere llevarte”, señaló.
Hacia el cierre, el pastor Antonio Padrós pidió que la serie no termine solamente como un ciclo de mensajes, sino como una transformación interior. Invitó a la congregación a dejar de ser esclava de las sombras, de las exigencias del mundo y de esa carrera permanente detrás de una zanahoria que nunca alcanza.
La paz, dijo, no llega cuando finalmente se obtiene aquello que se persigue. La paz llega cuando se descubre que, aun en medio de las batallas, Dios sigue estando presente.
“Cuando los ojos se abren, las cosas cambian”, concluyó Padrós, antes de cerrar con una oración pidiendo que Dios quite todo velo y permita a cada persona volver a mirar con claridad aquello que permanece.
Fuente: prédica del pastor Antonio Padrós, Iglesia de Dios de Posadas, Misiones.
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