El referente cristiano pasó por el programa conducido por Alejandro Almada y Jimy López. Allí relató su dura batalla contra las adicciones, los 28 años que vivió alejado de la fe y cómo la espiritualidad logró reconstruir su vida y la de su familia. «El hombre puede transformar un río o una casa, pero lo único que no puede transformar es el alma», reflexionó.
En una entrevista cargada de emoción y profundas reflexiones espirituales, el pastor Víctor Hugo Aranda visitó los estudios de C6Digital para participar de «Modo Vida». Durante la charla, el religioso abrió su corazón y compartió los pormenores de una historia de vida marcada por la resiliencia, el quiebre familiar a causa de la bebida y el poder de lo que definió como «un verdadero encuentro con Cristo».
Agradecido por el alcance de los medios de comunicación modernos, Aranda destacó la labor del programa para llegar a los hogares donde se viven «momentos de aflicción y de tormento».

Criarse en la iglesia no es conocer a Dios
A pesar de haber nacido en un hogar cristiano en Colonia Mártires y de haber asistido desde muy joven a la iglesia Asamblea de Dios en Posadas, el pastor explicó que estar dentro de un templo no garantiza la espiritualidad.
“Ser cristiano evangélico es una cosa, y conocerle a Cristo, tener una amistad con Él, es otra cosa”, diferenció.
A los 17 años, encandilado por las propuestas de la vida nocturna de la época y las salidas juveniles en el Parque Paraguayo de la capital misionera, Aranda tomó un rumbo diferente. Haciendo un paralelismo bíblico, relató:
«Vi la llanura del Jordán, lo que los ojos ven, y me fui atrás de ellos. Pero no sabía que detrás de eso estaba Sodoma y Gomorra». Ese alejamiento de sus raíces espirituales duró un total de 28 años.
La trampa silenciosa del alcohol y el sostén de su esposa
Durante ese largo período, Aranda comenzó a refugiarse en el alcohol de forma gradual, buscando un alivio a la pesadez diaria.
«Comencé con el vino. Tomaba un vasito, uno y medio, dos… parecía que me apaciguaba, pero era todo superficial y pasajero. Al otro día me despertaba desesperado. Fui atrapado por el alcohol», confesó.
Aunque aclaró que no llegó a ser un «borracho tirado» y que seguía cumpliendo con su rol de proveedor trabajando, la adicción dinamitó la paz de su hogar.
El punto de inflexión estuvo en el entorno familiar. El olor a alcohol al ingresar a su habitación generaba el rechazo de sus hijos, al punto de que una de sus hijas le llegó a pedir a su madre que lo abandonara. Sin embargo, el pastor remarcó el valor inquebrantable de su esposa:
«Esa mujer me aguantó y vino primero que yo al Evangelio. Ahí entendí lo que es el amor y el perdón. Ella soportaba todo; yo salía viernes, sábado y domingo, volvía y ella me recibía con los brazos abiertos. Siete años oró por mí».

El regreso y el mensaje de superación
Finalmente, a los 47 años, Aranda decidió cambiar el rumbo de su vida y regresar al camino de la fe. Desde su experiencia, dejó un mensaje contundente sobre los límites de las metodologías puramente humanas para combatir los vicios y la soberbia:
«El hombre natural hace transformación: transforma una cara, una casa, un río… Todo puede transformar. Pero lo que no puede transformar el hombre es el alma y el espíritu. El único que puede cambiar el rumbo de nuestra vida es aquel que murió en la cruz del Calvario».
En ese sentido, comparó los resultados de la fe con otros tratamientos, señalando que conoce amigos que asistieron a Alcohólicos Anónimos y dejaron la bebida, pero terminaron «atrapados en los casinos y la timba» por no sanar el problema de raíz.
«Cuando le permitimos a Jesucristo que haga la obra, la transformación viene de una manera maravillosa y perfecta. El Evangelio no es religión ni costumbre; es poder y amor», concluyó.
Hacia el cierre del programa, tras realizar una emotiva oración en vivo dedicada a los televidentes que atraviesan crisis personales, el pastor detalló su agenda comunitaria para el fin de semana, confirmando la celebración de la «Cena del Señor» en el barrio El Laurel y sus actividades programadas en la filial de la Asamblea de Dios en la localidad de Profundidad.




