Dass se fue de Coronel Suárez y ahora las máquinas que dejaron de funcionar en la Sexta sección producen los mismos artículos con las mismas marcas en Paraguay. La decisión empresaria se convirtió así en una nueva evidencia de los problemas de la macro libertaria.
Las máquinas de la planta de calzado deportivo y textil que el grupo Dass cerró en la provincia de Buenos Aires hace poco más de un año gozan de buena salud. Ahora producen en la planta que la misma empresa posee en Paraguay, en alianza con la brasileña Texcin y emplea a 600 trabajadores.
El crecimiento de las industrias textil y de calzado del país vecino es la contracara exacta de lo que ocurre en Argentina desde 2024, cuando el gobierno nacional abrió la importación de pares terminados de manera irrestricta, hiriendo de muerte a la industria local.
Desde la nueva planta, para la que se invirtirtieron 40 millones de dólares, Dass fabrica para las mismas marcas que antes lo hacía en la localidad bonaerense: Fila, Asics y Champion, entre otras. Las operaciones comenzaron en marzo y la inauguración contó con la presencia del ministro de Industria y Comercio paraguayo, Marco Riquelme.
En nuestro país, la fébarica fue construida y equipada en 1976 por los Bachellian, la familia propietaria de Gatic, la licenciataria de Adidas para Argentina. La planta no tardó en convertirse en un polo de actividad local y regional y a fines de los ochenta empleaba a miles de personas.
Durante décadas Dass fue el principal empleador de Coronel Suárez y había sobrevivido a todas las crisis anteriores, pero no sobrevivió a la indiscriminada apertura libertaria.
A diferencia de lo ocurrido en etapas anteriores de desindustrialización como las orquestadas por José Alfredo Martínez de Hoz, Domingo Cavallo o Mauricio Macri, cuando comience un nuevo ciclo económico, la empresa no reabrirá porque ya no cuenta con los medios necesarios para hacerlo.
Se trata de un eslabón más en la misma cadena que Cooper Shoes en Las Flores o Bicontinentar en Chivilcoy, la fábrica que llegó a emplear a 700 trabajadores, ensamblando para marcas líderes como Le Coq Sportif, Under Armour o Montagne. Todas ellas exportaban hasta 2023, de manera que los problemas de competitividad no son intra fábrica sino únicamente atribuibles al modelo económico. La prioridad de Bicontinentar, ahora, es hacer caja como sea para terminar de pagar las indemnizaciones.
El presidente de la Cámara de la Industria del Calzado (CIC), Horacio Moschetto, atribuye la situación, mucho más grave que la de 2018 o incluso la de 2001, a un combo de múltiples factores. A la avalancha de importaciones por el dólar barato y la caída de demanda por falta de ingresos, suma el contrabando en gran escala, por falta de controles fronterizos.
Destrucción de capital
Dass relocalizó las máquinas porque se trata de un grupo internacional que produce donde más le conviene. Pero para muchas empresas nacionales esa no es una opción. Por el contrario, hubo casos en los que se vieron forzados a malvender sus bienes de capital para afrontar pasivos, ya sean deudas bancarias con la ex AFIP o las indemnizaciones para los despedidos.
Esa etapa parece haber concluido. Existen casos en los que los empresarios ofrecen sus bienes de capital a precio de remate pero ni así encuentran comprador.
En 2023, esas mismas empresas, en acuerdo con la CIC y el sindicato, impulsaron la sanción de una ley específica para el sector. Se logró la aprobación en Diputados y estaba a punto de ser tratada en el Senado, pero Milei llegó justo antes de que la trataran. (Página 12)
(Foto portada: La planta de Dass en Coronel Suárez, una de las víctimas directas del modelo libertario.)




