Por décadas, la riqueza mineral argentina permaneció escondida bajo montañas, salares y extensiones prácticamente inexploradas. Ahora, un informe oficial volvió a encender el debate sobre el verdadero potencial económico del subsuelo nacional: el Segemar identificó 26.142 depósitos minerales en todo el país, pese a que apenas se investigó el 20% del territorio con potencial geológico.
El dato impactó en el sector minero y abrió interrogantes sobre cuánto dinero, inversiones y recursos estratégicos podrían seguir enterrados en la Argentina.
El relevamiento, elaborado por el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar), reúne información de yacimientos de cobre, litio, oro, plata, hierro, zinc y tierras raras, minerales considerados claves para la transición energética global y la industria tecnológica.
La cifra toma mayor dimensión al compararla con el nivel de exploración de países vecinos. Según referentes del sector, Argentina explora menos de una cuarta parte de lo que explora Chile, a pesar de compartir la misma franja cordillerana rica en minerales.
“Hay zonas enteras que nunca fueron estudiadas en profundidad”, sostienen especialistas consultados por el sector minero, que consideran que el país podría transformarse en uno de los grandes proveedores mundiales de cobre y litio en las próximas décadas.
La carrera global por estos recursos se aceleró por el crecimiento de los autos eléctricos, las baterías de almacenamiento energético y las nuevas tecnologías. En ese escenario, los minerales dejaron de ser solamente commodities industriales para convertirse en activos estratégicos en la disputa geopolítica mundial.
Actualmente, provincias como San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy concentran algunos de los proyectos más importantes del país. Sin embargo, los expertos aseguran que el verdadero potencial argentino todavía es incierto porque gran parte del territorio sigue sin exploración avanzada.
La minería, además, es una actividad de tiempos largos. Entre el descubrimiento de un yacimiento y el inicio de producción pueden pasar más de 20 años. El caso de Los Azules, uno de los proyectos de cobre más grandes del país, refleja esa dinámica: fue descubierto en 1998 y aún continúa en etapa de desarrollo.
Mientras tanto, el debate político y ambiental sigue creciendo. Gobernadores y empresas mineras impulsan nuevas inversiones con la promesa de empleo, exportaciones y generación de divisas. Del otro lado, organizaciones ambientalistas cuestionan el impacto sobre el agua, los glaciares y los ecosistemas de montaña.
En medio de esa discusión, el informe del SEGEMAR dejó una definición que empieza a resonar con fuerza en el sector energético: Argentina podría estar sentada sobre una de las mayores riquezas minerales todavía no desarrolladas del mundo.




