A días de cumplirse un año de la muerte de Papa Francisco, el mundo vuelve a poner el foco en un pontificado que dejó una huella profunda en la Iglesia Católica. El próximo martes 21 de abril se recordará el primer aniversario de su fallecimiento, ocurrido en 2025 a los 88 años, en pleno lunes de Pascua.
Desde un principio, su papado estuvo llamado a ser histórico. En 2013, Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el primer pontífice sudamericano y en el papa número 266 de la Iglesia Católica, además de ser el primer jesuita en llegar al trono de San Pedro. Su elección marcó un giro simbólico y geográfico dentro del Vaticano.
Desde el inicio, Francisco imprimió un estilo distinto, basado en la austeridad, la cercanía y los gestos simples. Su decisión de mostrarse como un líder accesible y enfocado en lo humano redefinió la figura del papa, alejándose de estructuras más rígidas y protocolares.
A lo largo de sus 12 años de pontificado, puso en el centro a los sectores más vulnerables. Defendió a los pobres, a los migrantes y a quienes quedaban al margen, impulsando una Iglesia más comprometida con la realidad social y menos centrada en las normas tradicionales.
En el plano interno, avanzó con reformas dentro del Vaticano, orientadas a la transparencia económica y la reorganización de la Curia. Además, enfrentó la crisis por los abusos en la Iglesia, promoviendo medidas para su prevención y sanción.
A nivel global, su liderazgo trascendió lo religioso. Intervino en conflictos internacionales, fomentó el diálogo entre culturas y religiones, y se posicionó con fuerza en temas como el cambio climático. A casi un año de su partida, su legado continúa marcando el rumbo de la Iglesia y su vínculo con el mundo contemporáneo.




