En el bloque de “Activa Evolución” de Cadena de Noticias, los licenciados en nutrición Florencia Silva (MP 670) y Braian Rolandi (MP 615) abordaron la relación entre la ansiedad, la calidad del sueño y la alimentación. Durante la entrevista explicaron cómo el descanso insuficiente puede influir en las decisiones alimentarias y señalaron que el abordaje requiere identificar las causas que originan el problema.
Silva explicó que la ansiedad y otros factores, como las jornadas laborales extensas, pueden alterar el descanso. “Al haber ansiedad aumenta nuestros niveles de la hormona del cortisol, que es la hormona del estrés. Cuando voy a descansar esta hormona debería bajar para que yo pueda dormir bien y cuando hay ansiedad esto no sucede”, indicó. Además, señaló que esta situación modifica el funcionamiento de hormonas vinculadas al hambre y la saciedad, favoreciendo una mayor ingesta de alimentos con alto contenido calórico.
La licenciada sostuvo que esa dinámica puede convertirse en un ciclo repetitivo. “Termino de comer estos alimentos y lo que pasa en la mayoría de la gente es que me genera culpa, y esa culpa me genera más ansiedad, y esa ansiedad vuelve a aumentar los niveles de cortisol”, expresó. En ese sentido, remarcó que el primer paso consiste en identificar el origen de la ansiedad y comprender por qué el organismo busca determinados alimentos como forma de respuesta.
Respecto de la alimentación, Silva mencionó que existen alimentos que pueden contribuir a un mejor descanso por su relación con la producción de melatonina. “Tenemos la avena, la banana, el kiwi y algunos frutos secos como la almendra y las nueces. Con una dieta variada y equilibrada se puede mejorar la calidad del sueño”, afirmó. También recomendó incorporar infusiones como tilo y manzanilla, además de practicar una alimentación consciente, evitando las pantallas durante las comidas.
La profesional también hizo referencia a otros hábitos que pueden interferir con el sueño. Explicó que conviene evitar comidas abundantes antes de acostarse, reducir el consumo nocturno de cafeína, mate y alcohol, y procurar un descanso de entre siete y ocho horas. “Una hora antes de acostarse ya estaríamos hablando de una buena comida que sea nutritiva y equilibrada”, señaló, al tiempo que recordó que también se recomienda limitar el uso de pantallas durante la hora previa al descanso.
Finalmente, Silva remarcó que el tratamiento de estas situaciones requiere un abordaje conjunto entre distintos profesionales. “No es de un día para otro, es de manera progresiva. Muchas veces creemos que lo podemos hacer solos, pero para eso estamos los profesionales”, afirmó. Además, destacó la importancia del acompañamiento psicológico para trabajar la ansiedad y las emociones que pueden influir en la relación con la alimentación y el sueño.




