En el programa Modo Vida por C6Digital, el pastor Alejandro Almada y Horacio “Jimy” López analizaron la «economía del reino». Destacaron que la Biblia no prohíbe el endeudamiento, pero advierte que la falta de prudencia y el consumismo destruyen la paz familiar y el honor personal.
Las dificultades económicas y las tentaciones del consumo masivo imponen desafíos diarios a la administración del hogar. Para reflexionar sobre este panorama desde una perspectiva espiritual y práctica, el pastor Alejandro Almada y Horacio “Jimy” López dedicaron el bloque de su programa Modo Vida, emitido por la plataforma C6Digital, a desglosar los principios bíblicos de la estabilidad financiera.
Durante el encuentro, los conductores aclararon que la fe no está reñida con los negocios ni con el progreso, pero señalaron que la falta de conducta financiera suele pasar una alta factura en la salud mental y en los vínculos afectivos.

Pastor Alejandro Almada y Horacio «Jimy» López
La deuda como una forma de esclavitud moderna
Almada comenzó explicando que, al contrario de lo que muchos creen, las escrituras no catalogan el pedir prestado como un pecado, aunque sí encienden alarmas categóricas sobre sus consecuencias de largo plazo.
«La Biblia no enseña que tener una deuda sea malo, pero sí advierte sobre los peligros de un endeudamiento irresponsable. El libro de Proverbios es muy claro: el que toma prestado es esclavo del que presta. Cuando pedís dinero a un banco, a una financiera o a un amigo, te convertís en su esclavo, aunque no lo sientas de inmediato», advirtió el pastor.

En sintonía, «Jimy» López sumó que el verdadero problema radica en recurrir al crédito cuando ya se está «con la soga al cuello», lo que genera una bola de nieve difícil de frenar. «El justo honra su palabra. Como dice el libro de Romanos, no deban nada a nadie. Pagar las deudas y los impuestos es parte del testimonio y del honor del nombre de un cristiano», añadieron.

El peligro de los créditos fáciles y el «gasto hormiga»
En un contexto donde los préstamos se consiguen a través de un botón en el celular, Almada recomendó cautela frente a las facilidades que ofrecen los bancos. «Es muy fácil obtener un crédito por teléfono, pero después te metés en cuotas a 12 o 24 meses donde los intereses te asesinan y terminás pagando tres veces más», relató desde su experiencia personal.

Asimismo, diferenciaron los motivos detrás del pedido de asistencia financiera:
Inversión vs. Consumo: No es lo mismo pedir un préstamo para edificar o emprender que pedir un crédito para comprar comida. Si el dinero es para el sustento básico, los conductores coincidieron en que la solución es «salir a buscar trabajo, barrer una vereda, lavar un auto o limpiar vidrios» antes de contraer compromisos impagables.
Los vicios como fuga de ingresos: Graficaron el impacto de los pequeños consumos diarios no planificados. «Un paquete de cigarrillos por día a 5.000 pesos representa unos 150.000 pesos al mes tirados al vicio. Si sumás el alcohol u otros permitidos, son 300.000 pesos que se van del sueldo por falta de administración», detalló Almada.
El peligro de salir de garante: Citando nuevamente las advertencias de Proverbios sobre no salir por fiador de deudas ajenas, López recordó las malas experiencias generales en alquileres o planes de vivienda: «La Biblia pide ser prudentes, estudiar la situación financiera del deudor y saber decir que no, aunque se trate de un amigo o un hermano».
El «contentamiento» como escudo contra la avaricia
Frente a la constante presión social por ostentar un estatus superior —como cambiar el auto sin prever luego los costos de patentes, seguros y mantenimiento—, los comunicadores propusieron rescatar el concepto espiritual del contentamiento.
«El libro de Hebreos nos dice: sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tienen. El contentamiento es una protección espiritual contra el consumismo. Cuando no tenés la necesidad de aparentar ante el vecino o de competir por el último teléfono, vivís tranquilo. Te levantás, vas al patio a tomar un mate con tu señora y tenés paz en el corazón», reflexionó López.
Para cerrar, enfatizaron que la falta de orden financiero echa a perder la armonía del hogar. «Cuando llega mitad de mes, el sueldo no rinde y las deudas aprietan, se va el contentamiento. El hombre viene mufado, enojado, y se desquita con la esposa o los hijos, que no tienen la culpa de sus malas decisiones», concluyó Almada, instando a la comunidad a sentarse en pareja, «parar la pelota» y elaborar un presupuesto mensual estricto basado en el dominio propio.





