La Consultora Zuba Córdoba & Asociados difundió su clásico «Domingo De Datos», basado en un trabajo realizado del 1ro al 3b de junio sobre un total de 1.200 casos. A continuación se transcribe el informe elaborado.
«La cuestión de la violencia de género sigue siendo, a 11 años de la primera movilización de Ni Una Menos, una causa que supera grietas e identificaciones políticas, más allá de algún sector minoritario que pueda ver en el tema campo fértil para dar batallas culturales estériles».
«Una herida que no cierra»
Análisis
Arranquemos por lo más claro: este tema lo conoce absolutamente todo el mundo. El 99,9% escuchó o leyó sobre el “Caso Agostina”. No hay sector al que el tema le pase de costado, así que cualquiera con responsabilidad pública quedó expuesto a que lo midan por cómo reaccionó. El dato que importa: la gente bancó bastante cómo lo trataron los medios: casi 6 de cada 10 (58,6%) dicen que la cobertura fue responsable. Pero con el Estado pasó lo contrario: 3 de cada 4 (75,9%) lo ven irresponsable, y la opción más elegida fue la más dura de todas (“muy irresponsable”, 46,3%).
Por si quedaba alguna duda, cuando se pregunta directo si el Estado respondió con seriedad y profesionalismo, el 82,2% dice que no. Traducido: el caso funciona como prueba de un Estado que no estuvo a la altura, y eso es un costo político concreto para quien gobierna. La justicia es el verdadero punto flojo, Si hay una institución que sale mal parada, es la justicia.
La desconfianza en fiscalías y tribunales llega al 80,4%, y más de 6 de cada 10 eligen directamente “mucha desconfianza”. La policía tampoco zafa (68% desconfía), pero lo de la justicia es de otro nivel. Y la gente hasta le pone una causa: el 71,2% cree que jueces y fiscales no están bien formados en perspectiva de género. O sea, no es solo bronca difusa: hay un diagnóstico y, con él, una agenda clara de reforma y capacitación que tiene apoyo social. Hombres y mujeres no viven lo mismo
Cuando separamos por género, la diferencia es enorme. En la calle, el 53,7% de los varones no sufrió nada en el último año; entre las mujeres ese número baja al 29,2%. Es decir, 7 de cada 10 mujeres sí pasaron por alguna situación. Y no es lo mismo: en ellas pesa el acoso verbal (22,3%), el contacto físico no deseado (12,3% contra 4,3% en varones) y el manoseo. En el trabajo, la historia se repite: el acoso verbal sexual le toca al 23,4% de las mujeres, justo el doble que a los varones (11,6%). Y puertas adentro de casa aparece lo más silencioso —amenazas, humillaciones, control de la plata— pegándole más a las mujeres (64,2% no sufrió nada, contra 78% de los varones). Esto describe algo muy concreto: los datos muestran que la diferencia existe y se puede medir. Y muestran también que la violencia de género es un fenómeno real y palpable que atraviesa a la gran mayoría de las mujeres. Y denunciar todavía sale caro.
El 69,7% cree que a las víctimas las estigmatizan cuando denuncian. Y de nuevo la brecha: lo notan el 78,8% de las mujeres y el 60,2% de los varones. Ellas sufren más y además son más conscientes del precio social de animarse a denunciar. Ahí hay una explicación de por qué tanta gente no denuncia.
Lo llamativo: aunque desconfíen, la gente le sigue pidiendo al Estado (26,9%) y a la Justicia (22,8%) que sean los principales responsables de prevenir, seguidos por las familias (20,6%). Nadie está pidiendo que el Estado se corra; al revés, le reclaman que funcione y que genere medidas concretas contra la problemática.
Hombres y mujeres todos de acuerdo
Si algo une a todos, es esto: el 84,5% pide que la Alerta Sofía se active de inmediato. Entre las mujeres trepa al 91,4% y entre los varones al 77,6%. Es transversal y casi no genera grieta. En criollo: apoyar y reforzar la Alerta Sofía es ganar-ganar, suma sin costo político.
En definitiva, la justicia es el eslabón más débil y hay reclamo de reforma, la brecha de género es real y está medida, la gente quiere más Estado eficaz, no menos.
La Alerta Sofía y el registro de ofensores sexuales aparecen como lugares seguros sobre los que la clase política debería actuar sin medias tintas.
La cuestión de la violencia de género sigue siendo, a 11 años de la primera movilización de Ni Una Menos, una causa que supera grietas e identificaciones políticas, más allá de algún sector minoritario que pueda ver en el tema campo fértil para dar batallas culturales estériles.
En un país atravesado por diferencias políticas asfixiantes, este tema se consolida como un eje que puede generar consensos absolutos. Algo que toda la clase política debería poder aceptar y aprovechar. Montar consensos generalizados es el primer paso para construir políticas de Estado que sobrevivan en el tiempo.





















