La crisis económica ya se refleja con crudeza en las góndolas de los supermercados. Mientras una parte de los argentinos todavía puede darse ciertos gustos y mantener consumos más caros, millones de familias ajustan cada compra al límite y reemplazan productos históricos por opciones más baratas.
Empresarios y analistas aseguran que se consolidó un nuevo fenómeno: el “consumo dual”, una división cada vez más marcada entre quienes mantienen capacidad de compra y quienes sobreviven buscando ofertas, descuentos y segundas marcas.
La situación es tan llamativa que algunos referentes del sector comparan el escenario actual con un “morenismo sin Moreno”, en alusión al ex secretario de Comercio Guillermo Moreno. La diferencia es que ahora no habría controles oficiales sobre precios, sino un mercado condicionado por el bolsillo de los consumidores.
Según explican desde el sector comercial, muchas empresas evitan aplicar aumentos fuertes en productos masivos porque saben que podrían quedar fuera del alcance de gran parte de la población. En cambio, los productos más caros continúan ajustando valores porque apuntan a un sector con mayor poder adquisitivo.
El resultado es una postal cada vez más visible: changuitos más vacíos, consumidores recorriendo varias góndolas para comparar precios y una fuerte caída de las primeras marcas en sectores populares y de clase media.
Además, supermercadistas advierten que las promociones ya no alcanzan para sostener el nivel de ventas y que muchas familias modificaron hábitos históricos de consumo para llegar a fin de mes.
La fractura también golpea a la clase media, que aparece como uno de los sectores más afectados. Mientras algunos consumidores todavía acceden a productos importados o de mayor calidad, otros directamente abandonaron ciertos alimentos o redujeron cantidades para poder sostener gastos básicos.
Las góndolas, así, se transformaron en un espejo de la crisis: dos Argentinas conviven dentro del mismo supermercado, pero compran realidades completamente distintas.




