En una nueva entrega de Espacio Wellness, la conversación fluyó con calidez, cercanía y esa mezcla justa de reflexión y experiencia que propone el programa. Esta vez, la invitada fue Esther Inglese, coach vinculada al trabajo de abundancia, neurociencias, programación neurolingüística y herramientas prácticas para el autoconocimiento.
Desde el inicio, el diálogo tomó un tono íntimo. Entre recuerdos de mensajes pendientes y la sensación de que “el momento era ahora”, la charla abrió una puerta hacia un concepto que muchas veces se reduce al dinero, pero que Esther amplió con claridad: la abundancia es mucho más grande. Es salud, vínculos, oportunidades, energía, familia, bienestar y capacidad de elegir hacia dónde poner el foco.
“La abundancia no tiene que ver únicamente con tener dinero, si bien el dinero es energía y es muy bienvenido”, explicó Esther, marcando una de las ideas centrales de la entrevista. Su propuesta apunta a trabajar desde la conciencia: detectar cuándo una persona está en carencia, enojo, baja energía o escasez, y contar con ejercicios concretos para salir de ese estado.

En ese camino, la conductora fue llevando la charla hacia experiencias cotidianas: el cartel pegado en la oficina, las afirmaciones repetidas con alegría, la gratitud por lo simple y la necesidad de sentir lo que se desea como si ya estuviera ocurriendo. Esther tomó esa idea y la profundizó: no alcanza con repetir “soy abundante”; hay que pasarlo por el cuerpo, imaginarlo, vivirlo internamente y conectar con esa frecuencia.
Una de las frases más fuertes llegó cuando habló del control y de la vieja idea del esfuerzo como único camino: “Poder soltar el control es bastante desafiante y es maravilloso. Es liberador”. Desde ahí, planteó que muchas veces las personas creen que solo hay un camino para lograr algo, cuando en realidad pueden abrirse posibilidades inesperadas si se cambia la manera de pensar, preguntar y vibrar.
La entrevista también dejó una enseñanza práctica sobre el poder de las preguntas. Esther explicó que el cerebro responde a lo que se le plantea. Si la pregunta es “¿por qué siempre me pasa lo mismo?”, probablemente la mente buscará respuestas que confirmen esa creencia. En cambio, si la pregunta cambia, también puede cambiar la dirección de la respuesta.
La calidad de la pregunta es sumamente importante para encontrar las respuestas que sí querés para tu vida”, remarcó.

Otro eje fuerte fue la gratitud. La invitada destacó que no se trata solo de agradecer de manera automática, sino de entrenar la mirada. Agradecer por escrito, agradecer cosas diferentes cada día, agradecer lo que todavía no ocurrió y hasta agradecer aquello que no salió como se esperaba, porque también puede traer aprendizajes.
En ese punto, dejó una herramienta simple pero poderosa: sentarse a escribir 50 cosas para agradecer. Desde abrir una canilla y tener agua, hasta contar con ropa limpia, alimento, tiempo para desayunar o la posibilidad de llegar al trabajo. Lo cotidiano, dijo, muchas veces se normaliza y se deja de valorar.

“Nos conectamos más rápido con lo malo”, reflexionó la conductora, y Esther acompañó esa idea con una imagen clara: una sola dificultad puede borrar mentalmente decenas de cosas buenas que ya ocurrieron en el día. Por eso, insistió en detectar el momento en que la mente se engancha con la queja y volver a elegir.
El taller presentado durante el programa apunta justamente a eso: brindar herramientas prácticas para reconocer estados de baja energía y elevar la vibración hacia aquello que cada persona quiere para su vida. Esther lo definió casi como un protocolo para actuar cuando alguien se “pesca” vibrando bajo, enojado o desconectado de sus objetivos.
Hacia el cierre, la charla volvió al centro de todo: conectar con uno mismo. Más allá de las técnicas, los talleres, las disciplinas o los profesionales, Esther dejó una idea final que resume el espíritu del encuentro: las respuestas más importantes están adentro.
“Volver a nuestro poder personal, que es gigante, inmenso”, expresó, antes de invitar a quienes se sintieron identificados a acercarse, probar, escuchar qué les resuena y animarse a mirar hacia adentro.

Una conversación amable, luminosa y práctica, de esas que no buscan negar la realidad, sino enseñar a mirarla desde otro lugar: con gratitud, conciencia y foco en lo que sí se quiere construir. 




